Lunes 20 de octubre del 2008 Editorial

Ordenar el desorden



Pero ocurre, mientras tanto, que los terrenos en disputa se pueblan, los invasores construyen sus casas y se trazan los límites de lo que mañana serán minúsculas calles e inexistentes aceras, sin espacio suficiente para los servicios básicos, ni la perspectiva siquiera de espacios verdes y comunitarios adecuados; en otras palabras, el característico barrio marginal.

En esas condiciones nos preguntamos si no es hora de que el Municipio de Guayaquil, sin aceptar el desorden ni mucho menos promoverlo, establezca qué condiciones urbanísticas mínimas exigirá para reconocer en el futuro las invasiones que las autoridades legalicen.
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