Así describe su experiencia en Tailandia la educadora Sylvia Klopfstein de Witmer, directora del departamento de Idiomas de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil.
Sylvia viajó a ese país del sureste asiático en julio anterior junto con su esposo, Peter Witmer, para visitar a su hija Mónica, quien labora para un lujoso resort de spa y relajación en la capital, Bangkok. Los masajes son uno de los servicios más ofrecidos por los viajeros que acuden tanto a centros de salud con profesionales altamente capacitados y confort absoluto, como a improvisados espacios en las esquinas donde talentosos nativos muestran su espontáneo arte con las manos.
Tailandia se caracteriza por ofrecer relax al cuerpo. Pero el relax del alma también se apoderó de toda la familia Witmer durante tres semanas de recorridos que les permitieron descubrir lugares como las ruinas de Sukothai, donde se supone nació el país; Hua Hin, conocido por ser el balneario favorito de los reyes de Tailandia, cerca de Bangkok; Chiang Mai, segunda ciudad en importancia del país, a orillas del río Ping; y el denominado Triángulo Dorado, en donde convergen los límites de Tailandia, Laos y Myanmar.
Este país es un destino de contrastes, según esta viajera que observó una cultura milenaria que convive con cierto ambiente caótico de ciudades y poblados cuyos habitantes mantienen una profunda espiritualidad budista que los ha ayudado a superar los conflictos que han agitado la zona en repetidos momentos de su historia.
Así es esta tierra similar al interior de las provincias de la Costa ecuatoriana, “por clima y naturaleza exhuberantes”, según Sylvia, quien señala que para disfrutar totalmente de Tailandia debemos alejarnos de los conceptos que creamos en nuestra comodidad de occidente.