Eso de la buena vibra se siente con solo entrar en la oficina de Diana Núñez de Smolij, en el octavo piso del edificio Equilibrium, una franquicia concebida y promovida por el consorcio Nobis donde es posible encontrar desde espacios de medicina alternativa y terapias orientales hasta un patio de comidas con alimentos light.
Diana, una publicista peruana de 46 años, fue durante casi dos años su gerente. Dejó la dirección creativa para asumir esa nueva experiencia, que hoy implica solo la representación para el exterior de la franquicia.
El cambio fue extremo. Del vértigo de tener listo un comercial o toda una campaña de publicidad a la búsqueda de la paz y del equilibrio para ella y su entorno.
“La vida me fue poniendo las cosas delante para prepararme para este momento. Hoy lo que hacemos tiene que ver también con comunicación, porque un concepto como Equilibrium no lo puede explicar así no más”, dice ella, que llegó hace 22 años al país recién casada y con proyectos publicitarios bajo el brazo.
Diana acababa de terminar su carrera de comunicadora social especializada en cine, radio y televisión, y junto con su entonces novio, Nicolás Smolij, habían decidido casarse. El padre de él es dueño de la productora Cine 70, que en aquella época producía gran cantidad de comerciales para Ecuador. Entonces surgió la idea de abrir en el país con un socio ecuatoriano. “Todo coincidió, los astros se alinearon”, bromea.
Lo demás fue empacar y venir, primero a Quito, y luego de un año a Guayaquil, donde tenían una facturación más alta.
Diana, con ese acento peruano que conserva intacto, dice que no le gustaba el calor, pero que enseguida hubo conexión con la gente y con el medio. Empezó a buscar trabajo en agencias. Encontró un puesto como redactora creativa en la agencia Delta en Quito y luego en la oficina que abrieron en Guayaquil. Después fue llamada por McCann Erickson, donde conoció a Isabel Noboa. Para ella elaboró campañas en las que se vendieron comercialmente algunos de sus proyectos y otras de ayuda social, como la que hicieron para FANN (Fundación para la Adopción de Nuestros Niños).
Fue el primer contacto con el consorcio Nobis. El segundo se dio cuando trabajaba como directora creativa en Qualitat, donde estuvo trece años y manejó las cuentas publicitarias de Mall del Sol. “Ahí conocí a César Meza, quien me pidió que armara una presentación para el entonces proyecto Equilibrium. Era una idea muy original, muy interesante y yo siempre he comentado de la energía, del feng shui, así que me fascinó”.
Investigó sobre el tema y profundizó en aspectos que ella ya conocía por curiosidad propia. Hizo la presentación, que incluía diseños del logo y la campaña publicitaria, y gustó, al punto que luego de dos años le pidieron que fuera la gerente de la franquicia.
La publicidad vs. el equilibrio
El nombre Equilibrium nació de Nobis con la idea de que es el lugar donde una persona está bien y encuentre su estabilidad interior. Es lo que buscamos, asegura: equilibrio entre lo físico y lo espiritual, entre lo material y lo trascendente, entre el mundo y el cielo, entre nosotros y los demás, entre nuestros deseos y nuestros logros.
“Todo tiene que tener un equilibrio, porque si te vas más hacia un lado pierdes el otro: si eres muy espiritual te desarraigas y si eres muy material te apegas tanto que sufres. Es muy difícil”, dice convencida en su oficina, situada en el mismo piso, donde –en una terraza especialmente diseñada– crece el árbol de suche que se observa desde la calle.
Diana dice que ancestralmente conocemos de la sabiduría ancestral, de la ley de la atracción, de obtener en la vida aquello que pesamos, pero que hoy es urgente empezar a equilibrarnos y dar importancia a nuestra alegría espiritual. “A veces estamos demasiado distraídos porque es más fácil, es más mecánico”.
Ella se acercó a su equilibrio espiritual tras el accidente que tuvo su esposo. En esa época descubrió la importancia de alimentar el alma.
Diana había viajado a Miami por un comercial y se quedó alojada en casa de su cuñada, que acababa de mudarse. Dormía en una habitación rodeada de cajas hasta que decidió recostarse y estirar su mano hacia atrás para hurgar –casi a ciegas– lo que había dentro de una de ellas. Al tacto, encontró un libro que la marcó: Muchas vidas, muchos sabios, de Brian Weiss. Hablaba de regresiones y vidas pasadas, de videntes y testigos.
Despertó tanto interés en ella que incluso fue en búsqueda de la vidente a la que se hacía mención en el libro cuando supo que estaba en Miami. “A mí me dijo ‘veo terapia’ y le dije sí, porque mi esposo acaba de tener un accidente. Ella me dijo ‘no, no es física, tu esposo necesita terapia del alma’”.
Regresó y lo primero que hizo fue buscar esa terapia para su esposo.
“Entendí que cada vida es un aprendizaje”.
Lo demás fue una búsqueda constante de libros, de conocimiento, de vinculación hacia la medicina natural, de control de emociones y terapias orientales.
Se volvió almagramista (hace terapia con sonidos) y realizó cursos para desarrollar terapias orientales para el mundo occidental, esas que mezclan artes marciales y yoga, que limpian el aura y buscan mantener saludable a la persona.
“No es casualidad que exista Equilibrium. Muchos maestros lo dicen: Ecuador es un centro energético del mundo y el ombligo de Ecuador es Guayaquil, y el ombligo de Guayaquil es Equilibrium. Yo me lo he tomado en serio. En este momento hay una responsabilidad de expandir luz, de expandir conciencia”.
En Equilibrium, Diana organiza cada semana conferencias, con expertos locales y extranjeros, y desarrolla un espacio llamado cine conciencia. Además, desde su oficina empezará a dar terapias con el sonido.
Dice que echa de menos la publicidad, pero que hoy esto le da sentido a su vida. Por eso desde el piso 8, junto a ese árbol de suche que simboliza el árbol de la vida, espera recoger los frutos de su nuevo reto.