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Edición del DOMINGO 19 de Octubre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Oktoberfest y el ‘choucroute’
En el Hilton Colón Guayaquil
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Estuve una sola vez en la fiesta de octubre en Múnich. Para la circunstancia se elabora una cerveza especial, la Wiesnbier. El alcalde abre durante una ceremonia especial el primer barril. Llegan más de siete millones de visitantes desde todos los continentes.

Es de buen gusto ponerse vestidos típicos de Baviera.  La vida bulle tanto de día como de noche. El consumo de alcohol es asombroso, la alegría sube al cenit. Es impresionante ver cómo las camareras de escote generoso llevan a las mesas de una sola  de ocho a diez jarrones.

Los conjuntos  musicales abundan pero son bandas tradicionales  que no pueden exceder los 85 decibelios, lo que evita la anarquía, la molestia del alto volumen. En el año 2010 festejarán los doscientos años de vida de aquella fiesta. En 1980, un joven neonazi fanático hizo explotar una bomba que mató a trece personas. En Argentina y Bélgica, la Oktoberfest es también un acontecimiento impresionante.

Por lo pronto, en Guayaquil un grupo de músicos llegado de Múnich (el trío De Luxe) dio el toque adecuado en el restaurante Vereda Tropical. El bufé estuvo espléndido y   pude saborear el famoso choucroute con varios tipos de salchichas y aquellas impresionantes rodillas de cerdo cocidas del modo adecuado. La cantidad de platos brindados fue impresionante. El choucroute es realmente el plato estelar porque permite juntar la col fermentada cortada en tiras, sazonada con sal, bayas, ginebra, pepitas de comino, laurel, a veces algo de kirsch.

Creo que los alemanes alzaron la col, las papas y los embutidos a un nivel excelso. Detalle curioso: el gastrónomo romano Apicio, del que poseo el libro de recetas, detestaba las coles, por eso no aparece ningún plato de este tipo en su obra. En cambio Catón, el Censor, no dejó de exaltar las virtudes hasta medicinales de aquella legumbre. Durante la Edad Media, el choucroute se servía donde los campesinos los días jueves y domingos.

Al llegar el siglo XVI se consideró como feriado aquel día en que se procedía a la salazón de la col. Recuerdo haber leído en Rojo y negro, novela de Stendhal, aquellas páginas en las que el personaje principal Julián Sorel degusta el apetecido plato. Los judíos de Alsacia acompañan el choucroute con ganso o pato asado. He podido probar en el suroeste de Francia un choucroute cocinado en grasa de ganso. Adquiere una incomparable sedosidad.

Para quienes gustan de las salchichas alemanas, Vereda Tropical tuvo una buena selección. Vi a unos comensales llevarse platos rebosantes en que sobre la col se podía apreciar gran selección de carne porcina. El Capitán Cook atribuía al choucroute el excelente estado de salud de su tripulación. Llevaba en cada viaje impresionantes reservas. Obviamente, los griegos no compartían aquel entusiasmo, pues llegaron a creer que comer col dos veces seguidas podía causar la muerte

Durante siglos se fermentó la col en barriles, se lo sigue haciendo a nivel artesanal, pero las grandes industrias prefieren cubas de cemento armado. Aquella salmuera  se queda así durante un mes. Se necesita una col de primerísima calidad. No se preocupen por su estómago, pues a pesar de su fermentación el choucroute es mucho más digerible que la col común. En cambio, el exceso de cerveza suele producir una sensación de llenura, y  para ciertos, uno que otro poco elegante eructo.

La selección de postres estuvo a la altura. Pasteles, helados, dulces de toda clase tuvieron gran acogida. Fue una noche de confraternidad en la que se rindió homenaje a un país amigo a través de su prestigiosa gastronomía. El público respondió con enorme entusiasmo.


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