Domingo 19 de octubre del 2008 Cultura

La muerte, protagonista

Milagros Aguirre

Una obra narrada para público joven

El escritor australiano Markus Zusak sorprende con su novela La ladrona de libros. Es una narración sencilla en el lenguaje, pero  muy  original en su  estructura.

Si temía a la muerte antes de esta lectura, probablemente al cerrar el libro sentirá más confianza hacia ella. El autor concibe que no es tan oscura. Ni tan maligna. Ni tan siniestra. Ni tan misteriosa y calva como la pintan. No lleva hoz ni guadaña y tampoco viste de negro. Al menos no la retrata de esa forma peregrina Markus Zusak, joven australiano cuyo texto,  La ladrona de libros,  se ha  convertido en uno de los más vendidos.

Zusak se arriesga en este libro a darle la primera voz  a la muerte. La vuelve personaje de novela. Y, más arriesgado aún, vuelve a este libro uno de aquellos de iniciación juvenil. Curioso. ¿Literatura juvenil con la muerte como protagonista? Sí. A ello apuesta el escritor. Y lo logra.

La muerte se lleva, entre otros, a una adolescente alemana. Y es ella, la muerte, la que se encarga de contar la historia que encierran estas páginas desde que la conoce, en la Alemania nazi. La pequeña, de 10 años, se llama Liesel y vive con sus padres adoptivos en un pueblito cerca de Munich. Su historia se desarrolla en el país gobernado por Hitler. Liesel, durante esta dictadura, se dedica a robar libros. Se refugia en la lectura. Evade, como si se tratase de una droga, la realidad y la cambia por las palabras, las frases, los versos.

La muerte relata las pesadillas de Liesel como antecedente a su brillante carrera de robalibros. Su hermano había muerto: lo veía en sus sueños, junto al tren, el día en que ella fue a parar a la casa de los Hubermann. Sus padres también. Su madre adoptiva la quería a su manera, de la forma más dura que se pueda querer a alguien. Su padre adoptivo fue para ella simplemente su padre.

La niña, flaca como alambre, estudiaba bajo las reglas de las escuelas del Führer  y los juegos de niños en el barrio pobre en el que vivían. La muerte retrata uno por uno a los vecinos, a los maestros, a los personajes que circundaban la vida de la pequeña Liesel. La muerte cuenta la historia del hombre que tocaba el acordeón y que no se dejó arrastrar por la intransigencia y el fanatismo. Y también la historia del joven escritor judío que se escondía en el sótano.

El manual del sepulturero  es el primer libro que cayó en manos de Liesel. Fue su padre adoptivo, Hans Hubberman, quien tuvo a bien enseñar a su hija a leer. Y a escribir. A dibujar las letras, a deletrear palabras, a descifrarlas. Después de aquel primer libro aparecieron otros:  El perro Fausto, El faro, El hombre que se encogía en hombros...  y Mi lucha... de Hitler, El diccionario de definiciones... El árbol de las palabras...

Max, el judío y Liesel compartirán en el sótano ideas y trazos de dibujos. Y la muerte seguiría sus pasos, aunque ninguno de ellos notara su presencia.

Liesel compartirá con sus vecinos el botín de sus hurtos: las palabras. Sí. Ella robaba libros para regalar palabras. Palabras que sobrevivieron a las bombas y que hicieron soportable el horror de la guerra.

No es una de aquellas típicas novelas acerca del holocausto. Es, más bien, una metáfora referente al poder de las palabras... una metáfora de entre quienes las manipulan y tergiversan contra aquellos que las usan como una forma de liberación. El texto de Zusak deja ver que la palabra puede ser guerra. Pero también puede ser paz y justicia. Y puede ser promesa echada al viento. Pero también puede cambiar el alma de las personas.

Las lecturas de Liesel en el refugio se vuelven alimento para los perseguidos. Max, el judío, lo sabía. Por eso escribía. Y dibujaba. E imaginaba un mundo mejor, procurando ignorar los cadáveres que a diario tenía que recoger la muerte.

“Los mejores recolectores de palabras eran los que comprendían el verdadero poder de las palabras... Uno de esos recolectores de palabras era una niñita escuálida. Se la conocía como la mejor recolectora de palabras del lugar porque sabía lo indefensa que se encontraba una persona sin palabras”, escribía el judío en una hoja de papel que Liesel encontró un día en el sótano.

La ladrona de libros  podría convertirse prontamente en un clásico: una historia relatada con la suficiente tensión; una narración sencilla en el lenguaje pero de original estructura; un tema trillado en la literatura, como la Segunda Guerra Mundial, tratado magistralmente y desde novedosos puntos de vista; un relato cargado de ternura y con trazos de inocencia. Ingredientes, todos ellos, claves para cualquier sello editorial.

Y un logro adicional: una lección para quienes no conceden a la palabra el verdadero valor y poder que tiene.

PERFIL: Markus Zusak

EDAD
33 años. Nació en 1975 en Sídney. Es conocido por sus obras para público juvenil.

SEUDÓNIMO
Su verdadero nombre es Branko Cincovic, pero decidió cambiarlo a la edad de 19 años, cuando se mudó de casa y comenzó su carrera de escritor.
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