¡Qué bueno que un articulista de Diario EL UNIVERSO haya ganado el Premio Nobel! ¡Chuta, están disparando cerca! Verán nomás que la próxima nos toca a los columnistas de la página 6 y no solo a los de la 7. Es que ¡cómo nos sacamos el aire para analizar la realidad! Pero en nuestra patria nadie nos reconoce. Tenemos que ir a Suecia para que valoricen nuestro trabajo. Ojalá el Paul Krugman en su discurso se acuerde de los compañeros de columna, que tanto le hemos aconsejado. Y ojalá el Correa en cualquiera de sus discursos no le llame contador. O, peor, pitufo.
Ya ven: tarde o temprano los periodistas tenemos la razón y por eso ganamos todos los premios Nobel. Es que ¡qué lúcidos que somos! Qué sindéricos. Cómo, a través de nuestra palabra, orientamos a los suecos. Y a los que se hacen los suecos, también. Lo único malo del Krugman es que es economista. Bueno, nadie es perfecto.
Lo cierto es que, según declaró Krugman, él está aterrorizado por la crisis económica actual. Tan aterrorizado que, para que se calme, creo que los suecos le dieron el Nobel. ¡Qué bueno que son los suecos! Nosotros aquí tomamos un valium y con eso nos calmamos. Por eso ustedes no se aterrorizarán mucho, porque les han de dar el Nobel y, como no son economistas, no han de saber qué hacerse con el millón de dólares que les toca y seguro que han de volar a invertir en la bolsa.
Y en la bolsa no hay que invertir, pues. ¿No ven lo que pasó en Wall Street? Como aconseja el Correa, es mejor invertir, por ejemplo, en el proyecto Coca-Coda Sinclair, que no se cae. Porque ni comienza. O bueno ya, en el San Francisco que, a pesar de haberse caído, sigue, avanza herido pero no se detiene. La Odebrecht le da un cañonazo en la pierna, y sigue. El Lula le da un balazo en el ojo, y sigue. Su ministro de Energía le manda un misilazo en el pecho, y sigue. Es más o menos como Abdón Calderón, pero en proyecto. Eso nos demuestra que hay que invertir solo donde haya energía. Por eso ha de ser que el Correa ¡cómo invierte en energía! No se queda quieto ni un minuto. ¡Y cómo jode!
Bueno, lo que yo quería decirles es que, a diferencia de nuestro colega Krugman, no es necesario aterrarse ante la crisis, sino solo ponerse un poco nerviosos.
Cierto es que los primeros coletazos se están sintiendo ya. No pues en las flores, ni en el camarón, ni en las remesas, que son pendejadas. ¡En el congresillo!
Cómo será que el índice Dow Jones del congresillo ha caído de ciento treinta a setenta y cinco, con efectos devastadores para los antiguos tenedores de las curules que fueron desplazados y quedaron totalmente a la baja. Pobres. Ahora engrosan la fila de los desocupados y algunos hacen fila en los ministerios para que les den alguito que les permita su permanencia en la bolsa de empleos de Acuerdo PAIS. Y si así sigue, todo se desplomará tarde o temprano y terminaremos con la política hecha crac y con el Correa totalmente en subprime. Hay, pues, que estar muy atentos a lo que pasa. Y nerviosos, pero no aterrados.
Ya ven: ¡qué revelación que hago sobre los efectos de la crisis! Ojalá me den el Nobel.