Domingo 19 de octubre del 2008 El Gran Guayaquil

Doña América, la cirujana de las medias de nailon, vive entre gratos recuerdos

Jorge Matillo

A sus 78 años, con pulso y vista perfecta, es la única capaz de darle nueva vida a medias de nailon o a  tejidos finísimos. Lo hace  en un quiosco que funciona dentro de las instalaciones del Correo.

Todos los días, a las 10:00, ella abre el   quiosco 110 –Pasaje Comercial del Correo– y lo cierra a las 18:00. En ese espacio reducido –80 centímetros de ancho por 2,10 de altura– es como un ave en una jaula provista de máquinas de coser, zurcir y forrar botones. Además hay un sinnúmero de agujas finísimas, implementos de costura y tejidos multicolores.

La ambateña, de 78 años, América Chiluiza de la Fuente, por su oficio es un personaje en vía de extinción. Es la única que aún zurce a mano o a máquina medias de nailon rasgadas y otros tejidos finísimos.

 “Antes, como las medias de nailon eran caras y escasas, mi clientela era de mujeres de la alta sociedad”, recuerda.  Hasta principios del siglo XX, las mujeres usaban esas prendas  de lana, algodón y seda. Todo cambió en 1937 cuando la firma Dupont descubrió una fibra transparente como la seda,  pero más flexible y duradera. Así nacieron las medias de nailon y el destape de las piernas femeninas. En mayo de 1940, las tiendas de Nueva York  vendieron cuatro millones de pares en tres días.

El glamour cesó durante la Segunda Guerra Mundial porque con nailon se elaboraron cinturones y paracaídas. En 1945 al terminar  la guerra la producción de medias de nailon fue escasa, convirtiéndose en prenda de lujo hasta tres años después. Luego se crearon medias de otras fibras.

Hace 50 años, luego del terremoto que destruyó Ambato, América llegó a Guayaquil. De joven quiso estudiar periodismo –es una lectora voraz y dueña de opiniones tan agudas como sus agujas– pero se graduó de costurera.

Recuerda las casitas de madera y caña del puerto, cuando no había televisión y la gente era más sana. Vivió en el barrio de la Quinta Pareja, en casa de una tía que alquilaba cuartitos a futbolistas, “ahora son adinerados, pero ignorantes que tienen carrazos, antes eran pobres y borrachos. Si una chica se enamoraba de un futbolista, la familia saltaba, pero ahora la gente solo habla de fútbol”.

Ella se casó con Silverio de la Fuente Vila, argentino entrenador de boxeo. No recuerda a los boxeadores que su esposo preparó porque no le gustó ese deporte y jamás asistió al coliseo Huancavilca, donde eran los combates. Cuando su esposo murió con mal de Parkinson, la revista argentina  El Gráfico  publicó una reseña.

Cuenta que en la época del boom de las medias nailon, la difunta Sarita Segale instaló un local donde 20 señoritas, cada una con una máquina, reparaban medias. “Ahí me empleé y aprendí a coger el punto”, evoca América Chiluiza y comenta que trabaja en el Correo desde hace unos 30 años, cuando los quioscos atendían afuera. El suyo estaba en las calles Clemente Ballén entre Chile y Pedro Carbo.

“En esa época había bastante negocio, al paso no más la gente dejaba encargada obra”. Desde hace cinco años están adentro del correo y las cosas no marchan tan bien.

Ha querido enseñar su oficio, pero las jóvenes no quieren aprender, acuden un día y no vuelven más. “La gente quiere el dinero fácil, el bono que le dan, hombres y mujeres se han convertido en parásitos de la sociedad y del Gobierno. ¡Gracias a Dios viví otra clase de tiempo!”, exclama. Mientras con una aguja finísima zurce un par de medias, no cesan de brotar sus recuerdos cuando cada dama adinerada le encargaba arreglar 6 o 7 pares de medias de nailon –cada una costaba 60 sucres– y ella cobraba de 3 a 5 sucres por el lote. “Ahora hay medias que traen de Europa y por un zurcido les cobro un dólar”.  Como es la única en su oficio le llegan encargos desde la Sierra y de almacenes que importan ropa picada, con fallas “acá yo zurzo esos tejidos finos y quedan como nuevos para la venta”.

Doña América desea vender sus máquinas, sabe que no va a vivir cien años, ni lo desea porque cree que los ancianos son maltratados. Pero mientras tenga su visión perfecta y su pulso firme, doña América, la cirujana de las media de nailon, abrirá su quiosco-consultorio donde opera a punta de hábiles y certeros agujazos.

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