El fotógrafo cubrió numerosos conflictos bélicos como el desembarco en Normandía.
¿Fue o no fue un montaje? La duda que ha perseguido a la famosa foto ‘Muerte de un miliciano’, que tomó Robert Capa en la Guerra Civil española (1936-1939), parece disiparse en Londres, donde una exposición sugiere ahora que no hubo ni trampa ni cartón.
Titulada ‘¡Esto es la guerra! Robert Capa trabajando’, una muestra reciente que se inauguró en el Barbican Centre y podrá visitarse hasta el próximo 25 de enero, aporta nuevas fotos que prueban la autenticidad de la muerte del soldado.
La imagen, que es una obra cumbre del fotoperiodismo de guerra, refleja el momento en que el anarquista Federico Borrell García muere, el 5 de septiembre de 1936, de un balazo en Cerro Muriano, cerca de Córdoba, en el sur de España.
Incluso, la ausencia de soldados próximos a Borrell en el campo de batalla, la falta de pruebas visibles de la herida de bala y el insólito don de la oportunidad de Capa alentó las sospechas de falsedad.
Setenta y dos años después, las 40 fotos, perdidas hasta hace poco y descubiertas en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York, fundado por el hermano menor de Capa, trazan en Londres la secuencia que aclara qué sucedió antes y después de la singular foto de Borrell García.
Entre esas imágenes, investigadas por el biógrafo de Capa, Richard Whelan, fallecido el pasado año mientras organizaba la exhibición londinense, se encuentra una tomada poco antes de que un tiro inesperado fulminara a Borrell.
Según la reconstrucción del suceso que hizo Whelan y que parecen corroborar las fotos expuestas en Londres (que viajarán en el 2009 al Museo Nacional de Arte de Cataluña), Capa aprovechó la hora de la siesta, respetada por los bandos republicano y franquista, para fotografiar a los soldados con simulaciones de acciones bélicas.
El ajetreo de la tropa, dejó dicho el biógrafo, debió llamar la atención de las fuerzas franquistas y, “justo cuando Capa iba a presionar el botón, un fusil enemigo oculto abrió fuego”.
El fotógrafo de origen húngaro, cuyo verdadero nombre era Andre Friedmann, cubrió después varios conflictos.
Pero la suerte lo abandonó el 25 de mayo de 1954 en Vietnam durante la Primera Guerra Indochina, cuando pisó una mina y murió -cómo no- con la cámara en la mano.