Durante los 25 años que siguieron a su liberación de una prisión de Vietnam del Norte, el senador John McCain trató de que su reputación fuera más allá de ser un ex cautivo famoso. Se negó a dejar que en sus campañas se usaran imágenes de su encarcelamiento, y nunca habló de su tortura.
“Cuando alguien me presenta diciendo ‘Aquí está nuestro gran héroe de guerra’, no me gusta”, se quejó McCain en una entrevista de 1998 publicada en la revista Esquire.
Sin embargo, esa impaciencia de McCain respecto de su historial de guerra cambió rápidamente cuando se convirtió no sólo en su protagonista sino en su autor. Su autobiografía, escrita en 1999, Faith of My Fathers (La fe de mis padres) puso por primera vez su padecimiento en un campo de prisioneros en el centro de su personaje público. En sus páginas, relató la experiencia como mucho más que una prueba: un punto de inflexión del piloto en busca de gloria al patriota responsable, la resolución final de una rebelión contra las expectativas de sus padres, y el origen de una vocación de “servir a una gran causa”.
Descendiente de almirantes de la armada, autor de novelas sin publicar y capaz de recitar poesía victoriana, McCain, el candidato presidencial republicano, suele sorprender a sus colaboradores y amigos con sus expresiones literarias y su amor por los libros. Y cita a personajes de ficción y de cine como modelos.
En la historia que relató al autor de sus discursos y coautor, Mark Salter, McCain reprodujo sus historias; en su autobiografía incorporó parte de la provocación de los marginales de Marlon Brando, del autodescubrimiento de Servidumbre humana de W. Somerset Maugham y el estoicismo del héroe agonizante de Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway. (“¿Sabés que es un personaje de ficción?” contó Salter que le preguntó una vez a McCain, quien respondió, “¡Ya sé, pero fue muy influyente!”)
Salter, tomándose una pequeña licencia literaria, reunió a partir de los recuerdos de McCain una narrativa prolija que éste nunca antes había expresado claramente. Fue un best-seller, una película para TV y el primero de cinco exitosos volúmenes McCain-Salter.
Y en vísperas de las primarias republicanas de 2000 de McCain, su narrativa redefinió su identidad política. En entrevistas y discursos, McCain ha ido describiendo cada vez más su vida en el lenguaje y los temas del libro y nunca tanto como en su campaña actual, que recurrió a la historia de Faith of My Fathers en todo, desde su primer aviso televisivo hasta su discurso en la convención republicana.
La política imitando al arte, dijo Stephen Wayne, un politólogo de Georgetown University en Washington, DC., que ha estudiado la carrera y la autobiografía de Mc- Cain. “Es como si McCain se hubiera descrito a sí mismo como un personaje literario y después hubiera tratado de ser esa persona en la vida real”, dijo el profesor Wayne.
Para algunos amigos, que Mc- Cain comenzara a sonar como sus memorias era lo más natural. “Si yo tengo algunas ideas y me tomo el tiempo de escribirlas, me parece que también me inclinaré a decirlas exactamente de esa manera una y otra vez”, dijo Orson Swindle, amigo del campo de prisioneros.
Sin embargo, otros amigos se maravillan viendo cómo depende la campaña de McCain de la imagen de héroe escarmentado creada por Faith of My Fathers, por ejemplo, citando su experiencia en la prisión para eludir preguntas sobre una serie de cuestiones inoportunas relacionadas con sus tácticas de campaña, su riqueza personal y su seguro de salud, entre otras cosas.
Robert Timberg, un marine herido en Vietnam que llegó a ser biógrafo de McCain y admiró su autobiografía, dijo que el John McCain que conoció hace 15 años nunca habría sugerido que era más patriota que un rival como lo hizo el senador atacando a su oponente demócrata, el senador Barack Obama.
“Las campañas políticas tienen una manera particular de distorsionar la realidad y transformar a los candidatos políticos en caricaturas de sí mismos”, dijo Timberg, quien agregó, “en ciertos aspectos, es posible que él mismo haya contribuido a eso”. Salter calificó la afirmación de “profundamente ofensiva”.
“Los que dicen ese tipo de cosas –conozco a un montón de periodistas que lo han hecho– no tienen ni la más mínima idea o comprensión de lo que motiva a John McCain ni de su concepción personal del honor”, dijo Salter. “Se ganó el derecho a contar esa historia”.