A principios del siglo XX, hacia el final de una brutal y sorprendentemente difícil victoria en la Segunda Guerra de los Bóer, los habitantes de Gran Bretaña comenzaron a considerar la posibilidad de que la suya era una nación en decadencia.
Les preocupaba que el gran sector financiero de Londres consumía recursos de la economía industrial y se preguntaban si las escuelas británicas eran inadecuadas.
La crisis de confianza llevó a una brusca reacción política. En las elecciones de 1906, los liberales depusieron a los conservadores en una victoria aplastante y marcaron el comienzo de una era de reforma. Sin embargo, esto no evitó un deslizamiento de la importancia económica o política.
En cuestión de cuatro décadas, un país mucho más grande situado al oeste, al otro lado de un océano, sustituiría a Gran Bretaña como la potencia.
El Estados Unidos de hoy y la Gran Bretaña de 1905 son más diferentes que semejantes. Pero las agitaciones financieras de las semanas pasadas, sumadas a una economía ya débil y a una guerra poco popular, han creado su propia crisis de confianza.
Un sondeo Gallup reportó que los estadounidenses se sentían más pesimistas respecto a la economía de lo que se habían sentido en más de dos décadas. Casi 60% dice que la economía está en mal estado y 90% señala que aún se está poniendo peor.
“Una cosa me parece probable”, expresó Peer Steinbrück, ministro de Finanzas alemán. “Estados Unidos perderá su estatus como la superpotencia del sistema financiero global”, En otra época, esa declaración podría haber sonado como fanfarronería nacionalista.
Ahora no parece tan ridículo cuestionar si el 2008 llegará a ser visto como el primer año de un siglo claramente no estadounidense.
Al meollo de los problemas está la deuda. La deuda ayudó a crear la burbuja de la vivienda y ahora ha dejado a casi uno de cada seis propietarios de casa con una hipoteca mayor que el valor de su hogar. La deuda fortaleció y luego dejó fuera de combate al moderno Wall Street, donde las firmas pidieron prestados 30 dólares por cada dólar que poseían. Y en los años próximos, la deuda restringirá al Gobierno, al tiempo que se las arregla con los combinados déficits creados por las políticas de Bush, el carísimo rescate financiero y el Medicare (seguro médico) para la generación de posguerra.
La crisis marca el punto en el que las cuentas comienzan a pagarse. Mientras que Gran Bretaña avanzó bajo el peso de la extralimitación imperial, como ha escrito el historiador Niall Ferguson, Estados Unidos estará constreñido por su extralimitación financiera.
“En vista de la carga de deuda que ha acumulado, es difícil ver a la economía estadounidense creciendo con la misma rapidez como lo hizo durante las últimas décadas”, apuntó Ferguson. “Está ocurriendo un cambio de estado de ánimo”.
Y añadió que el lenguaje político de ambas campañas presidenciales deja claro que muchos electores, a pesar del pesimismo actual, aún creen en la idea de la supremacía estadounidense.
Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, comentó que hace poco habló con un economista chino de alto nivel, quien afirmó que la gente en su país natal, la potencia económica en ascenso de la actualidad, no ve derrumbarse el cielo sobre la economía estadounidense.