Las elecciones son inminentes y las encuestas proyectan una victoria, posiblemente abrumadora, de Barack Obama. Sin embargo, los demócratas siguen ner-viosos. Ya pasaron antes por esta situación. En 2004 las encuestas vaticinaban un triunfo de John Kerry.
El nerviosismo es más agudo este año porque el senador Obama es el primer candidato presidencial afroestadounidense de uno de los dos partidos más importantes. Por otra parte, hasta los encuestadores señalan que no pueden saber con certeza con qué grado de exactitud las encuestas reflejan los sentimientos de la población respecto del tema racial o con cuánta sinceridad los estadounidenses hablan sobre un candidato negro.
En los últimos días, los nerviosos seguidores de Obama se mostraron preocupados respecto de una encuesta que concluyó que el sesgo racial le costaría a Obama un 6% del resultado final.
Las encuestas actuales le dan una ventaja de alrededor de 8 puntos.
Si pierde, no sería la primera vez que las encuestas sobreestiman el apoyo a un candidato afroestadounidense.
Desde 1982 la gente habla del efecto Bradley, donde hasta las encuestas de último momento vaticinan un amplio margen de victoria, pero el candidato negro pierde o gana por un margen insignificante. En el caso que dio su nombre al fenómeno, Tom Bradley, el alcalde de Los Angeles, perdió la contienda por la gobernación de California. Se asumió que los votantes habían mentido en las encuestas en relación con su apoyo a un afroestadounidense.
Sin embargo, los encuestadores y los especialistas en ciencias políticas sostienen que la preocupación por un posible efecto Bradley no es pertinente. Afirman que eso soslaya lo que en su opinión es el tema más importante: hay muchas formas en que la competencia complica las encuestas.
Ya sea que se los considere solos o combinados, esos factores podrían producir un triunfo abrumador de Obama con victorias sorpresivas en el Sur, una gran derrota de Obama o un margen tan escaso que obligaría a un recuento.
Entre los factores se encuentra algo llamado efecto Bradley inverso, en el que las encuestas subestiman el apoyo a un candidato negro, sobre todo en las regiones donde es socialmente aceptable manifestar desconfianza por los negros. También están los votantes que las encuestas no registran. La investigación indica que los que se niegan a participar en las encuestas tienden a no votar a un candidato negro. La raza del encuestador también tiene influencia en la encuesta.
En 1982, pronosticaban tal triunfo del alcalde Bradley, que los diarios lo proclamaron vencedor.
Pero perdió por escaso margen. Surgió entonces lo que pareció ser un patrón: una serie de encuestas encontró más apoyo del que en verdad existía en el caso de Harold Washington en la contienda electoral por la alcaldía de Chicago en 1983; en el caso de David N. Dinkins en la elección por la alcaldía de Nueva York en 1989; y en el de L. Douglas Wilder en las elecciones por la gobernación de Virginia en 1989.
¿La gente tenía tanto miedo de parecer reaccionaria que mintió en las encuestas porque consideró que era más aceptable socialmente respaldar a un candidato negro? Los encuestadores y los especialistas en ciencias políticas hace mucho que cuestionan esa asunción.
“No tenemos pruebas de que la gente nos haya mentido”, dice Joe Lenski, vicepresidente ejecutivo de Edison Media Research, que realiza las encuestas que utilizan los canales de televisión. Él y otros señalan que la discrepancia en las encuestas tiene más relación con quienes se niegan a participar o dicen que están indecisos.
Cualquiera que sea el motivo, el efecto Bradley parece estar desapareciendo. En un nuevo estudio, Daniel J. Hopkins, que hace su posdoctorado en la Universidad de Harvard, analizó 133 elecciones entre 1989 y 2006 y descubrió que los negros que compitieron por cargos antes de 1996 experimentaron un efecto Bradley mediano de tres puntos.
Los negros que se presentaron después de 1996, en cambio, tuvieron un efecto Bradley tres puntos mejor de los vaticinados. Hopkins sostiene que los cambios que tuvieron lugar en las leyes de bienestar social en 1996 y la declinación de los delitos violentos redujeron dos fuentes de animosidad racial entre los blancos.
En las primarias demócratas de este año, investigadores de la Universidad de Washington determinaron la existencia de un efecto Bradley en 3 estados, pero un efecto Bradley inverso en doce (en los otros 17, las encuestas tuvieron un margen de error de 7 puntos).
En los tres estados donde las encuestas del estudio magnificaron el apoyo a Obama –Rhode Island, California y New Hampshire– “lo deseable es parecer liberal y desprejuiciado”, declara Greenwald.
La cuestión de cómo afecta la raza las encuestas difiere, por supuesto, de la cuestión de cómo la raza afecta el voto. Muchos especialistas sostienen que la raza no desempeña un papel importante este año porque la economía es un tema tan dominante que no se piensa en él en términos raciales.
Sin embargo, la mayor parte de lo que saben los especialistas deriva de las encuestas, y hasta en los años menos complicados éstas tienen una buena cuota de incertidumbre.