Domingo 19 de octubre del 2008 Sucesos

Rompecabezas de 17 piezas dificulta hallar al asesino de ‘Rambo’

MILAGRO, GUAYAS

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En uno de los operativos contra cuatreros en la zona rural de Milagro, el teniente Byron Palacios se movilizó a caballo.

El oficial de Policía recibió 17 amenazas de muerte, según  dijo horas antes de su asesinato.

Cuatro horas antes de ser acribillado por tres desconocidos, a pocos metros de la Fiscalía de Milagro, el teniente de Policía Byron Palacios Merino había recibido una llamada de aviso del supuesto robo de un taxi. Le habían dicho que los ladrones estaban por el sector Las Piñas, en la  periferia. Él estaba en pantaloneta y camiseta pero se embarcó en una moto y se dirigió al sitio mientras pedía refuerzos a sus compañeros policías y avisaba a los taxistas para que se tomen las vías de salida.

No aparecieron los antisociales y tampoco ninguna cooperativa de Milagro registró la desaparición de algún taxi.

“Pienso que fue una carnada para llevarlo a esa zona alejada y ejecutarlo. Sabían que él no tenía miedo y acudía solo a enfrentar a los delincuentes, pero les falló porque los taxistas reaccionamos y le acompañamos”, refiere un transportista de la cooperativa Vencedores.

Si ese resultó un intento fallido, el siguiente fue certero. A las 19:15 del martes 14 de octubre, Palacios, de 34 años y quien laboraba en Milagro y el próximo miércoles iba a ser ascendido a capitán, estacionó su camioneta de la Policía Judicial en la esquina de  Juan Montalvo y Olmedo, donde se encontró con su amigo el periodista Julio Cárdenas, director de la revista  Tinta Roja.   Sentado en el balde del vehículo revisó, en una laptop, la edición que se publicaría este fin de semana con fotos y datos de antisociales que habían sido detenidos hasta por cuatro ocasiones, con evidencias, pero que estaban libres.

Un cuarto de hora después, Cárdenas vio que un sujeto de mediana estatura  se acercó apuntándolos con un arma. Logró avisar al teniente, pero otros dos estaban a sus espaldas. “Me dijeron: lánzate al piso... Después, no sé cómo, me metí bajo otro carro y me salvé”, señala Cárdenas. Una menor de 17 años, hija de un agente policial que acompañaba al gendarme y que estaba en la cabina de la camioneta de vidrios polarizados, también vio la escena. Los individuos cumplieron su objetivo. Byron Palacios, conocido como el  Rambo Criollo  o  El Negro,  murió acribillado.

La noticia se regó. La mayor parte de Milagro estaba compungida por el crimen de aquel considerado su protector. Pero en tres barrios conocidos como zona roja, algunos individuos lanzaron cohetes e hicieron una caravana de motos.

“Déle nomás, publique ese material, no tenga miedo”, le había dicho a Cárdenas minutos antes del ataque. No se cumplió su deseo porque la computadora desapareció.

El coraje del oficial fue  la característica que más mencionan compañeros, autoridades y ciudadanos de Milagro, El Triunfo y Machala, donde los últimos años prestó servicios. “Siempre iba a la cabeza de todos los operativos que implicaban peligro”, dice el cabo Édison Erazo, su subalterno.

El sargento Henry Noblecilla, quien afirmahaber sido gran amigo del oficial, indica que a él le gustaba el orden y respeto. “Tenía una capacidad de pensar más allá de lo normal”. Cuenta que aparentemente tenía temor de que sus propios compañeros filtraran información: “Nos acostábamos tranquilos. De pronto, a la una de la mañana nos despertaba y decía: nos vamos de patrullaje”.

“No tenía temor. Él iba adelante y se enfrentaba a bala con los maleantes; investigaba por su cuenta y daba información a la prensa.
Era nuestra principal fuente”, afirma William Reyes, director del diario  La Verdad  y presidente de Liga Deportiva Cantonal de Milagro. Otra virtud: era un luchador contra la corrupción, según sus compañeros, comerciantes, taxistas.

Con su esposa, María Mercedes Morán, Palacios vivía en un departamento alquilado, a dos cuadras del Comando Cantonal de la Policía. Hace poco compró un juego de comedor, que no tenía, refiere  Cárdenas. “Me dijo que estaba guardando una platita y me pidió que le sugiriera si se compraba un solar o un carro. Si alguien lo quería sobornar lo mandaba preso, solo vivía de su sueldo”, agrega.

Su forma de actuar hizo que integrantes de bandas lo tomen como su objetivo. Días antes de morir  indicó a sus amigos y a las autoridades de Milagro  que tenía 17 amenazas de muerte.

“Para muchas personas involucradas en la fuga de combustibles a Perú fue la piedra en el zapato. Eso se demostró cuando en su primer mes de servicio en El Oro recibió amenazas, dice el Gral.  Freddy Martínez, jefe en esa provincia, donde Palacios laboró desde diciembre del 2006 hasta fines del 2007.

La esposa de Palacios comenta que las amenazas siempre existieron pero últimamente se intensificaron, tanto que el domingo pasado él le pidió tener “mucho cuidado”.

 Palacios había dirigido en marzo pasado en el operativo donde la Policía acribilló a tres individuos que  secuestraron cerca de Milagro al empresario orense Patricio Jara. Cuando los parientes llegaron a retirar los cuerpos en la morgue estaban armados y advirtieron que tomarían venganza, relata un profesional milagreño.

Un comerciante de carne que estuvo 13 meses en la Penitenciaría por robo de rieles y que fue detenido por el oficial tiene otra opinión. “Era duro contra el hampa pero conmigo se equivocó. Me maltrató para que me declare culpable pero yo no robé y no pudo sacarme nada”.

 

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