- OCT. 19, 2008 - Foto - Sucesos - EL UNIVERSO
Su madre María Cecilia Merino, de 63 años, siempre le insistía al teniente Byron Palacios que saliera de Milagro, pero él respondía que si es de morir en esa ciudad, moriría ahí. Y así fue. “Le pedía eso porque era arriesgado que esté ahí donde se enfrentaba en forma directa a los delincuentes, pero él decía que vivía orgulloso de su institución y de su uniforme”, refiere la hermana del oficial, Mónica Palacios.
El teniente, ascendido por mórtem al grado de capitán, era subjefe de la Policía Judicial de Milagro. Segundo de tres hermanos; cursó estudios de primaria y secundaria en su ciudad de origen, Santo Domingo de los Tsáchilas. Gustaba del fútbol e integró la selección de Pichincha y el equipo Espoli.
Tras graduarse de policía en 1998, lo trasladaron a Guayaquil; posteriormente a El Triunfo, Machala y Milagro. Hizo cursos de especialización en Centro y Norteamérica. Estudiaba jurisprudencia en la extensión de la Universidad Particular de Loja y Comunicación Social en la Universidad Estatal de Milagro. “Se preparaba porque su sueño era ser el primer general negro del Ecuador”, dice Mónica.
María Mercedes Morán era su compañera sentimental. Ella tiene 23 años y señala que contraer matrimonio y adquirir una vivienda, para la cual ya habían adelantado los trámites de un préstamo, así como tener muchos hijos para jugar fútbol, eran los sueños del oficial. Nada de eso logró hacer realidad.
Horas antes del asesinato, Palacios había llevado a Morán para dejarla en la universidad a las 18:30 y más tarde ella se enteró que lo habían atacado.
“Espero que la justicia que tanto cuestionaba, se concrete ahora con la sanción a los culpables”, reclama Morán.
La hermana del oficial piensa que no presionarán a la Policía y Fiscalía para que investiguen el caso. “Hemos decidido dejar la justicia en las manos de Dios porque estamos seguros que de esa justicia nadie se libra, esa es la justicia que se va aplicar a mi hermano”, afirma.
Sin embargo, expresa su extrañeza por la desprotección que tuvo su hermano, pese a que eran conocidas las amenazas de muerte sobre él.
“Dos o tres patrulleros resguardan a una sola persona (alude a funcionarios gubernamentales) y él se enfrentaba con la delincuencia pero andaba solo”.
María Mercedes Morán señala como anécdota la falta de acuciosidad de la justicia. Relata que en cierta ocasión, junto con ella el oficial acudió a un pedido de auxilio y logró la captura de dos pillos que intentaban robar a una pareja. “Los delincuentes fueron detenidos, pero a los dos días quedaron libres”, menciona la mujer.