viernes 17 de octubre del 2008 Columnistas

¡El perro del hortelano!

En un reciente artículo sobre el comportamiento electoral de Guayaquil, un respetable comunicador afirma que Guayaquil pareciere ser una isla en el Ecuador, en donde sus ciudadanos son los únicos ligeros de mente y espíritu, que disfrutan de valores tan vacíos como la farándula y la crónica roja.

Que al parecer los guayaquileños seríamos los únicos “idiotas” a quienes se les consigue el voto a cambio de focos ahorradores, puentes, malecones, fundaciones, caricias y abrazos.

Es decir, el resto del Ecuador que votó a favor de la revolución ciudadana y su proyecto de Constitución centralista y caótica es profundo, ilustrado, maduro y positivo; y Guayaquil, bien pareciere una especie de “oveja negra” de la familia que se resiste a la verdad absoluta e iluminada de las mentes brillantes y los corazones ardientes.

Efectivamente, Guayaquil es la única ciudad del Ecuador que le dijo No al proyecto de Correa.

Y no porque Guayaquil sea la versión ecuatoriana de Sodoma y Gomorra, como sugiere el citado autor, o porque sea un “Centro Comercial”.

En esta ciudad  trabajamos todo el año y en el mes de diciembre hasta el 24 y 31 inclusive.

En esta ciudad, el que no trabaja no come; la empresa privada se nutre del consumo ciudadano y del mismo mercado.

En Guayaquil, luego de las 3 de la tarde los restaurantes están vacíos.
Guayaquil tiene un malecón 2000, primero porque gracias a la generosidad divina está bañada por el río y el estero.

Malecón 2000 ha sido construido gracias a la generosidad de sus hijos.

En Guayaquil votamos No, porque estamos acostumbrados a recibir de los políticos, obras y servicios; a que se cumplan las promesas de campaña.

Y este gobierno no ha cumplido con Guayaquil.

Yo sé bien que molesta la guayabera, el Clásico del Astillero, que JJ haya sido guayaquileño o que nuestro aeropuerto sea uno de los más modernos de América Latina, 100% inversión privada, a diferencia del cercano a la mitad del mundo, en el que todavía siguen removiendo tierras y que seguramente se construirá algún día con el dinero de la ciudadanía para beneficio de una trinca que lo administrará gratuitamente por cincuenta años.

Yo sé que molesta el progreso de Guayaquil, que molesta nuestra franqueza para decir las verdades cara a cara y para rechazar los intentos de burla de los políticos mentirosos.

Por ello este tipo de comentarios, que intentan tapar el sol con un dedo, al puro estilo del mítico perro del hortelano.

Ojalá nuestro amigo se pegara una vuelta por Guayaquil y expresara sus opiniones públicamente acá, no desde un recóndito espacio en internet.
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