Viernes 17 de octubre del 2008 Editorial

¿Quién es el responsable?


Ahora el muerto es un policía, y no de los novatos sino uno de los mejores, condecorado por su gestión. Dos días atrás, a una hora todavía temprana, tres asesinos le dispararon catorce tiros delante de testigos. “Si así tratan a los que nos defienden, qué debemos esperar nosotros”, se preguntan los ciudadanos de a pie.

Las consecuencias de que un funcionario público niegue la realidad pueden ser terribles, y llegar a medirse en vidas humanas; en este caso, de policías. Más allá de cualquier estadística, el crimen está tomando unos vuelos que nunca vimos. Es hora de actuar.
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