Tras 14 años de labores, uniformado fue asesinado por tres sicarios en el centro del cantón.
Por su lucha contra la delincuencia, el narcotráfico y el contrabando de combustible en los lugares donde prestó sus servicios, el capitán de Policía Byron Oliver Palacios Merino (34) se había ganado el apelativo de Rambo criollo; pero el martes pasado no pudo contra el ataque de sicarios, que lo mataron en el centro de Milagro.
Sucedió en las calles Eloy Alfaro entre García Moreno y Olmedo, a las 19:30, cuando el oficial, descendiente de una familia de policías, dialogaba con un amigo. Aunque no hay una versión oficial, ayer se conoció que al lugar habrían llegado tres hombres, quienes dispararon 14 tiros al gendarme. Tres impactos le quitaron la vida y cinco dieron en un poste. Luego le arrebataron una laptop.
Ayer, al menos 2.000 personas asistieron al Salón de la Ciudad, en el Municipio de Milagro, para despedir al oficial que veían como un salvador frente a la inseguridad existente en el cantón, donde, según el alcalde Francisco Asán, “se ha registrado un repunte delincuencial en los últimos meses”.
Al menos el 40% de los asistentes eran estudiantes de varios colegios locales, para quienes Palacios se había convertido en consejero de los jóvenes, a quienes les impartía charlas para prevenirlos del uso de las drogas y de delitos sexuales.
Martina Aguilera, fiscal de delitos sexuales que labora en el cantón, se mostró consternada por el crimen, pues junto con el oficial realizó varias investigaciones. “Se pierde al hombre incorruptible de la Policía Judicial. Era más que un compañero que también se preocupaba por los estudiantes”, manifestó.
Tamaris González, quien había recibido charlas de Palacios en el colegio Velasco Ibarra, lloró frente al cofre mortuorio. Recordaba al guía que tuvo acercamientos con estudiantes para prevenir a la juventud.
Pero la conmoción también invadió a sus superiores de la Policía. Joel Loaiza, jefe de la PJ-Guayas, expresó que “se nos va un hombre recto y buen compañero. Quizá su mayor defecto fue que se comprometía mucho con las víctimas, sentía suyos los delitos, y se convertía en un ‘perro sabueso’ hasta que atrapaba a los delincuentes”.
Mientras que el oficial Carlos Logroño, director del hospital de la Policía, no pudo contener las lágrimas, se arrodilló frente a la madre del amigo caído, María Cecilia Merino, la abrazó fuerte y lloró con ella. Después recordó una frase que el oficial siempre repetía a sus compañeros: “Si avanzo, seguidme; si paro, empujadme; y si intento retroceder, matadme”. También criticó que los delincuentes no respetan los derechos humanos del Policía, que siempre tiene el deber de cumplirlos.
Ni él ni Loaiza dieron a conocer alguna hipótesis sobre los motivos del asesinato. Solo se presume que el ataque fue por la serie de operativos que la víctima montaba en su interés de combatir a la delincuencia.
“Estuvo permanentemente combatiendo el tráfico de combustible y el narcotráfico, por eso tenía enemigos. Y sé que horas antes del crimen le había comentado a unos amigos cercanos que al menos 17 personas lo habían amenazado de muerte”, dijo el Alcalde de Milagro, quien el pasado 17 de septiembre –por motivos de las fiestas locales– lo condecoró por su trabajo contra la delincuencia.
PERSONALES: Datos
1974, marzo 23
Nació en Santo Domingo de los Colorados (hoy Tsáchilas), Byron Oliver Palacios Merino. Sus padres son Víctor Homero y María Cecilia.
2008, octubre 25
Este día la víctima, quien además estudiaba para ser periodista y abogado, debía recibir las insignias de Capitán de la Policía, institución a la que sirvió 14 años. Se conoció que era padre de un niño.