El libro Ética para todos, editado por Ariel bajo la coordinación de León Roldós Aguilera, incluye el artículo Ética en psiquiatría y en psicología de Gustavo Vega Delgado, quien afirma (página 237): “Por otro lado, dada la cambiante apertura ante la orientación sexual y las decisiones libres de las personas en esta materia, incluso psicoterapeutas relevantes han confesado públicamente su condición propia de homosexualidad. Tal el caso del psicoanalista Jacques Lacan, uno de los más influyentes de fines del siglo XX en su rama”. Como es un escrito académico y el autor no cita referencia bibliográfica ni argumento de respaldo, podría creerse que él fue privilegiado testigo del supuesto acontecimiento.
La insólita afirmación probablemente es irrelevante para el psicoanálisis; los psicoanalistas no trabajan preocupados por el anecdotario de la vida de los fundadores de su movimiento, especialmente tratándose de infundios. La comunidad psicoanalítica sostiene su tarea en relación con los textos, la producción teórica y su labor clínica cotidiana. La aseveración del autor es más importante para el público y para la academia ecuatoriana, considerando que los antecedentes y méritos de Gustavo Vega podrían conducir al lector desinformado a tomar todas sus proposiciones como verdaderas, por la calidad y autoridad de quien las profiere. El autor es un reconocido psiquiatra cuencano, intelectual, investigador, académico, y, además, es el actual presidente del Conesup, entidad que autoriza, regula y promueve la superación académica de las universidades ecuatorianas.
La afirmación de marras es una verdad a medias. Lacan, en la misma vía de Freud que fue el inventor, es el fundador del psicoanálisis actual; su trabajo remozó el pensamiento psicoanalítico y le dio mejor consistencia abriendo una interlocución de mutuo beneficio con otras disciplinas.
Prolongando la ruptura iniciada por Freud con la explicación meramente biologista, Lacan discierne el proceso a través del cual los seres humanos construimos una identidad sexuada y asumimos nuestra sexualidad, mediante nuestra inscripción en el lenguaje, la sociedad y la cultura. En cuanto a “su condición propia de homosexualidad públicamente confesada”, los que se dedican a estudiar su obra difícilmente hallarán en sus escritos –o en testimonios de esposas, amantes, hijas, discípulos, biógrafos, pacientes, amigos y detractores incluso– sustento para tal afirmación.
La homosexualidad, donde la hubiere, no es agravio ni dirime ella sola el valor de un hombre y su obra, excepto en el código común que comparten el fútbol de barrio y el actual debate político ecuatoriano.
Por otro lado, el psicoanálisis siempre enfrentará resistencias, en la clínica y en la sociedad. Lo verdaderamente trascendente del desaguisado es su enseñanza para todos. Los ecuatorianos aprendemos tempranamente que la palabra tiene poco valor; afirmamos públicamente cualquier cosa sin obligarnos a la consecuencia con el dicho. Académicamente no respondemos por el rigor que debe sostener nuestros escritos. Diariamente miles de colegiales descubren que pueden “clonar” sus tareas gracias al internet, sin citar la fuente y con solo utilizar un dedito: “el rincón-del-vago.com” es el nuevo paradigma de la pedagogía nacional. La Academia criolla tiene el desafío de construir aquello que el psicoanálisis demuestra, que es lo mismo que a nuestros políticos no les conviene que aprendamos: que la palabra tiene valor.