El ecuatoriano le hace los zapatos a la cantante y actriz Jessica Simpson.
Cada vez que vean a la afamada cantante y actriz norteamericana Jessica Simpson, fíjense en sus pies. Su elegancia y garbo para caminar son el reflejo de la mano creadora del diseñador de sus zapatos: el ecuatoriano Carlos Molina.
“Jessica es una típica chica americana”, cuenta Molina, quien el pasado 30 de septiembre asistió a la Gala Nacional de la Moda.
“Junto con mi equipo preparo la colección primavera 2009 y en ella enmarcamos la imagen de glamour de estrella, de una chica calmada, pero también rebelde en el sentido de que siempre está lista a probar todo lo que le ofrezcan los diseñadores”, dice el creativo sobre la famosa Jessica Simpson.
Molina presentó parte de esta colección —que para el próximo año mostrará su influencia en lo hippie de los setentas y el rock and roll de los ochentas— en la gala.
Dice que de chico albergaba la ilusión de convertirse en constructor de casas. En su barrio, La Ensenadita de Manta, uno de sus pasatiempos era agarrar las tapas de las colas y toda madera o material que encontrara para transformarlos en sillas, carros y casas para las muñecas de sus hermanas.
“Crecimos en un hogar humilde, y las casas de Barbie y los carros Matchbox estaban fuera de nuestro alcance”, recuerda.
Pero como la arquitectura y diseño de interiores eran carreras muy costosas, decide comenzar la de administración de negocios en la Universidad de Manta, con la ilusión de hacer realidad su sueño más adelante con su propio dinero.
Creyente como es, Molina aún agradece a Dios por haber puesto en su camino a Dianalynn, su esposa desde hace 23 años. Se conocieron en 1983, cuando ella viajó a Manta de vacaciones para conocer a su familia paterna. Dos años después Carlos ya estaba casado y viviendo en Nueva York. Su primera meta fue estudiar inglés para luego continuar sus estudios universitarios.
Pero esta vez se cruza en su destino el diseñador Franco Sarto, quien trabajaba para Bellini, una de las empresas de calzado más grande de los Estados Unidos, quien no solo le enseñó el negocio desde la confección y materiales hasta la producción y distribución, sino que le abrió los ojos a una nueva pasión: el diseño de zapatos exclusivamente para mujeres.
Seis años después ingresa a la compañía Coup Detat y se instruye más sobre el oficio con el español José Vera. Con este bagaje de conocimientos, Carlos Molina decide crear su propia marca en 1999 y funda dos tiendas en Manhattan.
A partir de ahí su fama se acrecienta. Thalía, Paulina Rubio, Charityn Goyco, Lily Estefan (del programa ‘El Gordo y la Flaca’), La India, Ángela Carrasco, Celia Cruz, Ednita Nazario y otras celebridades latinas lucen sus creaciones en las alfombras rojas de Premios Lo Nuestro, Juventud, Latin Grammy y Latin Billboard Awards.
Además recibe invitaciones para mostrar sus colecciones en Colombia, Puerto Rico, República Dominicana, entre otros países.
El diseñador ecuatoriano acepta en el 2005 la oferta de Chinese Laundry, pues entre otras cosas quería conocer la producción y manufactura de China. Desde mediados del 2007 forma parte del grupo Camuto Fashion, que además de diseñar para Jessica Simpson lo hace para las BCB Girls, INC y Nicole Miller, productos que se venden en las grandes tiendas de EE.UU. como Macys, JC Penney, Nordstrom y Kohl’s.
“Estoy seguro de que no hubiese logrado este éxito sin la comprensión de mi esposa y la de mis hijos, en las múltiples veces que tuve que viajar”, afirma Molina, padre de Freddy (26), Chainelle (20), Bryanna (16) y Massimo (7).
Una vez terminado su contrato con Camuto Fashion, al diseñador ecuatoriano le gustaría retomar la marca que lleva su nombre para volver a las pasarelas de la alta moda. Cuando mira hacia atrás, Molina se siente agradecido de la vida y de Dios por todo lo que ha logrado. “Siento una inmensa alegría cuando me preguntan de dónde provengo. Me siento feliz y orgulloso cuando digo que soy de Ecuador y cuando siento que he logrado un prestigio y respeto en el mundo del diseño”, dice.
Afirma que nunca sintió miedo a los retos que se enfrentaba. En su caso todo fue fluyendo y él solo se dejó llevar, confiado en el talento que tenía. “Quizás la única vez que sentí algo de miedo fue cuando una clienta abrió la primera caja de zapatos con mi nombre. Pero soy un hombre seguro y en paz. Y eso es importante”, manifiesta.
Ahora cuando vean a Jessica Simpson sabrán que sus diminutos pies —es talla 6½– lucen más grandes porque sus zapatos los diseña un ecuatoriano.