lunes 13 de octubre del 2008 Columnistas

Pío Jaramillo Alvarado y los estudios rurales

Al recibir el premio Pío Jaramillo Alvarado, otorgado por la Flacso, por mi contribución a las Ciencias Sociales relevé el nombre de este distinguido lojano. Él es en cierta manera el fundador y precursor de los estudios rurales. Su publicación sobre  El Indio y más tarde,  Del Agro Ecuatoriano,  establecieron en los años veinte y treinta del siglo pasado, el punto de partida de este campo de investigación.

Pío Jaramillo Alvarado combinaba dos virtudes: un método de trabajo cuasi académico y un esfuerzo permanente por defender sus tesis por medio de la polémica. En cuanto a su método, él lo describe como: “interrogar a la tierra, como riqueza; al ambiente, como medio psicológico; a la población, como factor y actor en la trama de nuestra historia. Vamos a consultar las estadísticas y a contrastarlas con las realidades. Y consultaremos la sabiduría de las investigaciones técnicas y a la sabiduría popular, la experiencia empírica”.

Respecto a sus principales tesis pueden resumirse en su crítica radical al peso de los latifundios, heredados de la colonia, defendidos por los propietarios, que condenaba al indígena a estar en “nula libertad y misérrima la exportación”, y añadía más razones al efecto nefasto de ellos sobre toda la sociedad: “que el pauperismo del campo que está en plena inmigración a las ciudades profundiza la miseria de todas partes; que el número de contribuyentes para el Tesoro Nacional es exiguo; que el agricultor seguirá siendo pobre, sin embargo de su latifundio, porque el millón y medio de población sin tierra y sin salario justo no es consumidor en el mercado interno de valores, aun cuando las cosechas sean buenas, pues el proletario, carece del dinero para comprar; igual quiebra afecta al comercio y a las industrias por la falta en el público de poder de compra”. 
Sobre esa base propone, 28 años antes de la reforma agraria ecuatoriana, dividir la tierra, comenzando por aquellas en manos de la Asistencia Social que el liberalismo expropió a la Iglesia.

Un segundo elemento de su pensamiento es la importancia que da a las comunidades indígenas, pues las ve como defensa del pan ante el latifundio, como reminiscencia de la vida comunal agraria en la época incásica; una reserva organizativa para luchar contra caciques y latifundistas; y constata que, “la comunidad es la defensa del grupo como entidad étnica”. Por ello se opone tenazmente a su subdivisión y entrega en propiedad particular de las tierras a cada comunero. No es que presente la comuna como propiedad colectiva, sino como mezcla de posesiones familiares y tierras comunales.

Estas proposiciones las plantea por medio de polémicas que lleva adelante con los más connotados representantes del latifundismo, de las fuerzas políticas conservadoras o liberales o con los responsables de política pública. Así polemiza con la Sociedad Nacional de Agricultura por su defensa del latifundismo y sus intentos de reintroducir el concertaje, aun cuando pueda reconocer algunos cambios de actitud entre ellos. Al ministro de Hacienda Boloña, quien pregona el aumento de la producción por medio del crédito, Jaramillo le responde que considerándolo importante y conociendo mejor el impacto de gravámenes y leyes, esto no solucionará el tema de la producción, si no se enfrenta el tema de la propiedad agrícola. Pero ello debe ser complementado por mejoras de los salarios, supervisión para que el feudalismo no sobreexplote al hombre y defiende la necesidad de campañas de educación.

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