Son como la voz de bronce de Guayaquil y cuando suenan hablan de sucesos centenarios, entre ellos la Independencia de la ciudad, el 9 de octubre de 1820. Rosalino Balón las toca desde hace seis años.
Cerca del cielo viven las campanas de la Catedral. Para llegar a ellas hay que vencer 231 escalones. El pasado martes, las tres guardaban silencio. Solo se escuchaba el batir de las alas de las palomas que huían de la torre.
El guayaquileño de 45 años, Rosalino Balón Orrala –sacristán y campanero de la Catedral– no conoce la historia de siglos de esas campanas, tampoco ha leído El jorobado de Notre-Dame, novela de Víctor Hugo, en la que Quasimodo, es el campanero deforme de la catedral de París. Pero Balón Orrala sabe tocar esas campanas que son la voz de Guayaquil.
historias DE LAS CAMPANAS
Es J. Gabriel Pino Roca en Leyendas, tradiciones y páginas de la historia de Guayaquil quien señala que de las tres campanas ubicadas en la torre sur, la más grande data de 1810 y sus dimensiones son: 1,08 de altura; 0,70 metros de diámetro en la parte superior del vaso y 1,47 m en la inferior, o la boca es de bronce y pesa 1.992 kilogramos, posee dibujos y leyendas, una de ellas dice: “Soi para la yglesia matris de gvayaqil siendo sacristán do Dionisio Martínez del Fvego”.
De esa misma viga cuelga otra más pequeña pero más antigua porque fue fundida en 1710 –hace 298 años–. La tercera es aún más pequeña y reciente, de 1876. Metros más debajo de esa misma torre hay otra campana pero pertenece al reloj de la Catedral.
Pino Roca reseña que principalmente la campana de 1710 vivió –y continúa haciéndolo– en gran parte de la historia local, convirtiéndose en “la voz de Guayaquil: alegre y sonora en sus días de fiesta y regocijo, ronca y fúnebre en sus horas de duelo y de quebranto, rápida y clamorosa, en los instantes de peligro”.
Es por esas razones que el historiador está seguro de que la más antigua campana: “En la mañana del 9 de Octubre de 1820 tocaba a gloria en repiques interminables, que parecían querer saltar todos los corazones patriotas.
“¡Nunca debió sonar con mayor fuerza!”, afirma.
Es necesario saber que entre 1541 y 1542 la Iglesia Matriz fue creada en Ciudad Vieja, Calle del Río –actual Malecón– y Calle del Estero Morillo –hoy Roca–. En 1695 fue trasladada al sitio actual y en 1838 se convirtió en catedral. En 1924 el arquitecto italiano Paolo Russo empezó la actual construcción en hormigón armado, luego intervino el arquitecto Juan Antonio Orús Madinyá. La Catedral fue terminada en 1937 y este año fue remodelada.
Rosalino Balón no puede vivir alejado de la Catedral. Allí labora hace 6 años como sacristán, anteriormente trabajó 12 años en la iglesia de La Victoria. Allá en lo más alto del campanario, confiesa que tocarlas es un trabajo duro porque son inmensas y pesadísimas. Cuenta que la primera vez que las tocó, le salieron ampollas en las manos. “Como yo no les conocía el pulso, halaba y halaba el cable de acero pero las campanas no resonaban”, evoca y cuenta que las campanas estaban programadas y tocaban el Ángelus a las 06:00, 12:00 y 18:00 pero el sistema electrónico se dañó.
En la Catedral, las campanas solo suenan por acontecimientos importantes como Corpus Christi, Cristo Rey, Semana Santa y misas solemnes. Cuando no se las toca en uno de esos casos la feligresía protesta.
Rosalino Balón nunca olvidará que tocó las campanas en memoria del papa Juan Pablo II. Cuando la noticia del fallecimiento salió por la televisión, el monseñor Roberto Pazmiño lo delegó a él pero antes, con una campanita le dio el tono lento y fúnebre: “Vas a tocar así: tummm, tummm, tummm, tummm, me dijo, subí y durante tres horas cada 10 minutos toqué las campanas lentamente”, recuerda que la gente llegaba llorando a las misas en honor al Papa.
Otras ocasiones en las que se las toca es al recibir la noticia de una nueva santa como Narcisa de Jesús.