La designación del izquierdista Yehude Simón como primer ministro fue recibida con beneplácito por representantes de organizaciones sindicales y partidos de izquierda, que lo consideran como uno de los dirigentes más respetados.
Simón, quien estuvo preso ocho años por su vinculación con el grupo guerrillero Túpac Amaru, reemplaza a Jorge del Castillo, quien renunció junto con el gabinete por denuncias de corrupción para favorecer a una petrolera noruega.
Analistas afirman que García busca neutralizar a los opositores de izquierda radical o nacionalista, como Ollanta Humala, y demostrar mayor atención a las regiones del interior que protestan en demanda de una mayor participación en el crecimiento económico del país.
García ha dado un vuelco frente a su primer gobierno (1985-1990), cuando se hizo notorio por políticas radicales de izquierda que dejaron postrada a la economía peruana, al convertirse ahora en un ferviente promotor del libre mercado, que ha permitido el impulso de las inversiones privadas y crecimiento del país.
Pero esta riqueza y desarrollo, con un Producto Interno Bruto (PIB) superior al 8% en los dos años de gestión, no tiene correlación en el combate a la pobreza que todavía alcanza al 40% de la población.