Lunes 13 de octubre del 2008 Religiosa y Obituarios

Fue una multitud agradecida

NOBOL, GUAYAS

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NOBOL, Guayas. Miles de feligreses se congregaron ayer en la hacienda donde creció Narcisa de Jesús, para participar en la misa campal de acción de gracias por la nueva santa ecuatoriana.

El lugar donde nació y creció Narcisa de Jesús se llenó con devotos en la misa campal.

La extensa pampa de la hacienda San José, donde nació y creció Narcisa de Jesús Martillo Morán, parecía un hormiguero. Desde antes del amanecer, el sitio recibía a los miles de fieles que asistieron a la misa de acción de gracias por la canonización de la Violeta de Nobol, la tercera santa ecuatoriana, que se une a Mariana de Jesús y el Hermano Miguel.

Poco a poco se ubicaban en los cuadrantes (espacios cercados por cuerdas) preparados por la Arquidiócesis de Guayaquil para organizar la eucaristía. Los que se quedaron desde la vigilia de la madrugada coparon los sitios más cercanos al altar principal; los que llegaron atrasados se conformaron con los puestos de atrás.

Hasta que empezó la ceremonia, miembros de grupos apostólicos se encargaban de animar a los presentes, quienes portaban en sus manos banderitas amarillas. “Mira lo que hizo mi Jesús. Mira lo que hizo mi Jesús.
Me levantó y me liberó. Mira lo que hizo mi Jesús”, cantaban con euforia.

Pero no todos los fieles prestaban atención. Sobre papeles o toallas hacían cortas siestas, leían el periódico o desayunaban los platos típicos de la zona: humitas, maduro con queso y seco de pato, todo con café.

Al pie del altar principal, decorado por rosas rojas, rosadas, blancas y amarillas, se instalaron sillas  para las autoridades e invitados especiales.
 Desde Lima, donde la santa ecuatoriana vivió los últimos años de su vida, llegó una delegación de 20 religiosas de la Congregación de Misioneras Dominicas del Rosario.

Emocionada, la hermana María Teresa Lacunza contaba a sus compañeras de otras comunidades que en su juventud (ahora tiene 76 años) había visto el cuerpo incorrupto de Narcisa de Jesús. “Tuve la suerte de estar con Narcisa, de tocarla... Tenía una melena larga, las uñas largas y un rostro joven que no lo veo reflejado en las estampas”, decía la religiosa española, quien afirma que sentía paz y alegría al contemplarla.

La misa se inició tres minutos antes de las 09:00, que era la hora señalada. Debía celebrarla el nuncio apostólico (el representante del Vaticano en el Ecuador) Giacomo Guido Ottonello, pero este se excusó porque cayó enfermo. En su lugar estuvieron José Mario Ruiz Navas, ex arzobispo de Portoviejo, y Víctor Maldonado, obispo auxiliar de Guayaquil.

En la homilía, el monseñor Ruiz dijo que Jesús es el único santo. “Muchos de nosotros hemos jugado a los espejos con el sol: recogemos la luz y guiamos ese resplandor hacía alguien... Dios jugó al sol con Narcisa de Nobol, orientó a ella su luz para que descubramos al único santo”, expresó el obispo.

Y destacó el carisma de Narcisa como laica comprometida con el Reino de Dios. “Su ejemplo obliga a los laicos a asumir responsabilidades en el ambiente que sea”, agregó el ex arzobispo de Portoviejo, quien no dejó pasar la oportunidad para hacer una reflexión política.

“El paternalismo, venga de donde venga, que confunde unidad con uniformidad, esteriliza... El paternalismo obstaculiza el desarrollo de la libertad”, expresó Ruiz.

Algunos asistentes vistieron las camisetas confeccionadas  para la misa campal que se desarrolló  antes del referéndum.

Al final de su prédica, Ruiz evocó la figura de la hermana Bernarda Butler, que también fue elevada a los altares ayer. Ella fue una de las fundadoras de la Diócesis de Portoviejo.

El sol golpeó fuerte sobre la hacienda, justo cuando los obispos hicieron la consagración del pan y del vino.

Los feligreses se protegían con sombreros, gorras, sombrillas y hasta periódicos. El calor sofocaba. Hubo al menos veinte desmayados, según la Defensa Civil y la Cruz Roja.

Tras la eucaristía, fuegos artificiales explotaron sobre la hacienda San José, aunque su resplandor resultaba difícil de apreciarse por el fuerte sol.

De todos modos, los fieles se apresuraban en captarlos con sus filmadoras o sus celulares, como recuerdo de la jornada.

Al salir de la hacienda, las personas caminaban “como hormigas” por el sendero de tierra o por las rocas contiguas.

Las madres tomaban de la mano a sus pequeños porque desde el altar escuchaban a  voluntarios vocear nombres de niños que se habían perdido el rastro de sus familias.

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