Ecuador tiene ahora tres santos. El papa Benedicto XVI presidió ceremonia en el Vaticano.
Fue una fiesta religiosa. Un júbilo que estalló en la plaza de San Pedro, en el Vaticano, y también en Nobol, Ecuador.
“¡Viva el Papa!, ¡viva el Ecuador!”, gritaban los ecuatorianos privilegiados que estuvieron ayer en la ceremonia. Eran migrantes y devotos que hicieron lo que sea para llegar acá y ver al papa Benedicto XVI proclamar como santa a la humilde guayasense Narcisa de Jesús.
En Nobol se siguió la ceremonia y luego, en la mañana, una misa de acción de gracias estuvo colmada por decenas de miles de fieles.
Detalles
La ceremonia
Entrega de reliquias
Edermina Arellano, quien recibió el milagro de la reconstrucción de sus órganos genitales, fue la que llevó al Papa las reliquias de Narcisa de Jesús.
Otros tres santos
En la ceremonia también se canonizó al italiano Cayetano Errico, a la suiza María Bernarda Butler y a la india Alfonsa de la Inmaculada Concepción.
La misa de las santificaciones se celebró en francés, inglés, italiano y español.
Sonoros aplausos y gritos de vivas se oyeron en la plaza de San Pedro tras escucharse por los parlantes el nombre de Narcisa de Jesús Martillo Morán. Era el papa Benedicto XVI que anunciaba para la Iglesia católica una nueva santa, la campesina guayasense.
Los aplausos provenían de un grupo no mayor de seis mil ecuatorianos que se mezclaron entre los 35 mil feligreses que asistieron a la ceremonia que se celebró ayer en Ciudad del Vaticano, bajo un fuerte sol.
“Viva el Papa” y “Ecuador, Ecuador, aquí estamos”, gritaron algunos de los peregrinos esparcidos por la plaza. El mayor número estaba ubicado frente a la estatua de Pablo y competía en aplausos con las delegaciones hindú e italiana, que asistieron mayoritariamente a la ceremonia.
Era una fiesta distinta. Con banderas, globos y pancartas que contenían las figuras de los santos se identificaban las delegaciones de los cuatro países.
La ceremonia estaba pautada para las 10:00, pero las ganas de conseguir una buena ubicación llevaron a los peregrinos a madrugar desde las 05:00.
Las diez máquinas de control (cinco en cada lado) resultaron pocas para la Policía romana, que debió abrir más puertas y hacer un cacheo rápido de los bolsos.
La espera no importó a los peregrinos, que empezaron a avivar cuando se leyeron las historias de los beatos.
Tras aparecer en pantalla el Papa, antes de salir a la plaza, los aplausos se extendieron. Los gritos fueron constantes entre los peregrinos cuando vieron dirigirse desde el corredor izquierdo de la Basílica al Pontífice, quien lució una capa pluvial (se utiliza para la adoración al Santísimo), mitra y estola, todos dorados.
Al Papa lo escoltaban los 40 obispos del mundo que celebraron la eucaristía; también se observó al arzobispo de Guayaquil, Antonio Arregui, y a los monseñores Roberto Pazmiño y Aníbal Nieto (obispo auxiliar de Guayaquil).
Como preparación para la canonización, cada uno de los postulantes de las causas (el dominico español Vito Gómez, en el caso de Narcisa) hicieron la solicitud al Papa.
Después siguió la entrega al Pontífice de las reliquias de los santos por parte de los beneficiados de un milagro por intercesión de los santos.
Así desfilaron las delegaciones de Italia, por su santo Cayetano Errico; de Suiza, por María Bernarda Butler; y de la india Alfonsa de la Inmaculada Concepción. Ecuador fue el último en entregar la reliquia.
Lo hizo Edermina Arellano, quien acudió vestida como campesina (con trenzas y un vestido montubio celeste y blanco). La acompañaron su madre Violeta Plúas y Ana Lucía Cordovez, hija del embajador de Ecuador ante la Santa Sede, Fausto Cordovez.
La religiosa carmelita ecuatoriana Teresa de Jesús Morán Martillo (descendiente de la santa) leyó Isaías, capítulo 25. La misa se dio en italiano, francés, inglés y español.
La parte memorable de la ceremonia fue la proclamación de los santos. “En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de Jesucristo, los apóstoles Pedro y Pablo, después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina (...) declaramos y definimos santo a la beata Narcisa de Jesús”, expresó el Pontífice.
El tapiz de la figura de la noboleña quedó guindado en el cuarto balcón de la Basílica, junto al de la suiza Butler.
Tras la lectura del evangelio (Mateo 22, 1-14), el Papa dio la homilía en los cuatro idiomas, al referirse al país del santo.
El Papa solo dio la comunión a religiosos y beneficiados del milagro de Dios. Esta parte de la eucaristía fue el momento en que Edermina tuvo su primer y único encuentro con el Pontífice, ya que en la primera parte solo dejó la reliquia en el altar.
La ceremonia se extendió hasta las 12:00.
Luego de impartir la bendición final, el Pontífice se retiró del lugar en un vehículo descubierto, pero antes recorrió cada sector de la plaza, donde saludó con los miles de peregrinos, entre esos ecuatorianos, que no dejaban de gritarle: “Viva el papa Benedicto”.
Comitiva oficial
El vicepresidente de la República, Lenin Moreno, arribó pasadas las 08:30 a la ceremonia. La comitiva oficial ecuatoriana fue ubicada en el sector izquierdo del Papa.