Armonía a pesar de los años
Según el Diccionario de la Real Academia, una de las acepciones del vocablo armonía es la conveniente proporción de unas cosas con otras. Y el envejecimiento esencialmente significa deterioro. Sin embargo, una de las condiciones para una buena salud es estar en concordancia con uno mismo.
Paradoja o contrasentido, lo cierto es que no podemos hablar de salud sin cumplir tal requisito, que en la práctica es una de las realidades de los humanos confundidas por el concepto de belleza estética o de perfección. De ahí que el término deba ser acogido con relatividad.
Entonces, el asunto reside en reconocer cuál es el equilibrio a los 60 sin el prejuicio con los parámetros que la sociedad impone acerca de lo mismo. Por ejemplo, el pretender hacer ejercicios que practican los cuarentones, el querer verse como de 15, el insistir en que el ritmo del trabajo debe ser igual que en décadas pasadas, el hacerse el sordo a los avisos del intestino o de la próstata, y en fin, descuidar la memoria con rutinas impropias para demostrar juventud.
Entre tanto, el bienestar es relativo a un sinnúmero de factores que van de las frustraciones de la vida diaria al clima, el tipo de alimentación, la situación geográfica o económica, hasta la raza, incluso la religión. Todos dignos de mencionar y tener en cuenta a la hora de valorar esta relativa situación de añoso sano.
De lo expuesto, resulta que en nuestro ocaso saludable debemos aspirar a ser un poco cegatos, un poco patojos, un poco sordos, un poco desmemoriados sin llegar a desconocer a los familiares, pero actualizados, al día con las noticias, en medio de la sociedad, que ayudamos a construir en mayor o menor grado, sin reservarnos espacio.
Fuente: Dr. Aldo Guevara D’Aniello, geriatra y gerontólogo. Telf.: 253-1558.
E-mail: alguedan@hotmail.com.
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