Es sorprendente cómo un bebé desde que está en el vientre de la madre se chupa el dedo. No todos lo hacen, pero sí algunos. Es una actividad muy común y normal en niños de todo el mundo y de cualquier condición socioeconómica. Además surge de una casualidad e instinto natural que se lo conoce como el reflejo de succión, lo cual fisiológicamente nos dice que está sano y le permitirá alimentarse a la hora del nacimiento.
La psicóloga clínica Mónica Llanos dice que la primera etapa del niño, de acuerdo con el psicoanálisis, se la conoce como oral y comprende el primer año de vida. En esta fase el punto central de satisfacción y exploración que tiene el bebé lo hará a través de su boca, por ello se llevará a esta todo lo que tiene en la mano.
El primer “objeto” que lleva a su boca es el pezón de la madre, el cual lo alimenta y produce en él o ella un sentimiento de placer y satisfacción. Esta experiencia lo llevará a querer seguir experimentando esta sensación aun cuando no se esté alimentando y al no poder contar todo el tiempo con el pezón de mamá en su boca lo sustituirá por el dedo, el cual tendrá en el momento que lo requiera.
Duración del hábito
Se considera normal que los niños se chupen el dedo hasta los 2 años, lo cual suele desaparecer espontáneamente, ya que cambian de intereses y su mundo de relaciones empieza a extenderse. “Hay ocasiones en que este hábito se prolonga debido a que esta conducta ha sido reforzada por el entorno o porque el niño ha aprendido a calmar situaciones de tensión llevándose un dedo a la boca”, agrega Llanos.
Remedios caseros
El rechazo de los padres, recriminación o recurrir a todo tipo de “remedios caseros” para que el niño deje de chuparse el dedo no soluciona el problema y, por el contrario, lo agrava.
El pequeño muchas veces mantiene de manera inconsciente esta actitud como una manera de rehusarse a crecer y por seguir manteniendo los privilegios de ser bebé. Puede ser también una manera de retraerse frente a situaciones de conflicto que puede estar experimentando. En todo caso no se debe precipitar a considerar que el niño tiene un problema emocional por el simple hecho de chuparse el dedo, sino que hay que evaluar su comportamiento en general.
Si sumado a chuparse el dedo el niño presenta otras características como retraso en la adquisición del lenguaje, mojar la cama, cambios en su carácter, temores y otros, entonces hay que empezar a preocuparse.
¿Qué hacer?
- Observe si solo se chupa el dedo o hay otras reacciones especiales.
- No lo castigue.
- Manténgalo ocupado con actividades que requieran el uso de sus manos.