Hay cierto pudor que impide que se hable abiertamente sobre las razas. Imagínese un comercial en televisión que promueva un detergente como el favorito de los cholos. O una discoteca que en su promoción diga que es el sitio ideal para los blancos. Sería raro, ¿no?
El tema es complejo y alrededor de él hay muchos prejuicios y complejos. Por eso propongo que vayamos al fondo de este asunto, partamos de que ninguna raza es mejor que otra y hablemos abiertamente sobre un tema tan importante como este.
Un pasado racista
Los estándares de belleza están cambiando. Hace treinta años todavía era socialmente mejor ser blanco que moreno. Existían términos como “mejorar la raza” cuando una persona de rasgos más nativos se casaba con alguien de raza blanca. Hoy los estándares de belleza han evolucionado y ciertamente el ideal de belleza “blanco y rubio” ya no tiene tanto peso como antes.
Sin embargo, más que dos razas, este país es el punto de encuentro de dos formas de entender la vida. Hay una inmensa mezcla racial que a ratos hace que parezcamos una cultura unificada, pero en las mentes de las personas sigue habiendo dos países: el Ecuador occidentalizado y el Ecuador nativo. Y en el medio, una gran masa confundida que no atina a definir su identidad.
Los conquistadores tenían la percepción de que aquí la gente era carente de cultura y que necesitaban enseñarles religión y buenas costumbres. Pero hoy sabemos que la Conquista, lejos de ser una gesta heroica, fue un trágico etnocidio. Por el uso de la fuerza se impuso una religión que en ese entonces estaba representada mayoritariamente por sacerdotes con poca vocación espiritual. Mientras que las indígenas eran gentes con ricas vidas espirituales en sólida comunión con la naturaleza. A culturas que dominaban el arte de vivir en comunidad se les impuso un sistema político corrupto y desigual.
Si volvemos al presente y analizamos los defectos de los ecuatorianos encontraremos que muchos de ellos es más lógico que provengan de los españoles medievales del siglo XVI que de los pacíficos y trabajadores indígenas. Europa llegó al nivel de desarrollo social que tiene ahora luego de muchos siglos, pero en esa época era muy caótica. Estoy hablando de la falta de capacidad de vivir en comunidad, la agresividad, la falta de resistencia para el trabajo y la poca costumbre de honrar la palabra (y las deudas). Los cholos son indiscutiblemente menos agresivos, más solidarios, más cumplidos y más dispuestos a trabajar sin descanso. Pensemos en eso.
Mirando hacia el futuro
Ecuador es una acuarela cultural que no evolucionará mientras sigamos creyendo que las culturas originales de estas tierras no tienen nada que aportar al inventario cultural de este país. Muchas veces he escuchado grata admiración de gente de otros países respecto de la pureza de los ecuatorianos. Nuestro eslogan turístico “Life at its purest” se refiere a la pureza de la naturaleza, pero también a las personas. A muchos viajeros he escuchado el acoso y las estafas a los turistas en otros países, que en Ecuador casi no existen. Esta tierra tiene tradiciones medicinales muy ricas, un pueblo de naturaleza solidaria y pacífica y con un interés por lo material que no llega al punto de corromperlo. Y sobre todo, un respeto y amor por la naturaleza muy contemporáneos.
No pretendo ‘demonizar’ a los conquistadores ni santificar a los indígenas. Aquí he hecho énfasis en los defectos de nuestra herencia europea, pero en ambas vertientes culturales hay defectos y virtudes. De lo que se trata es de abrir la mente, abandonar los prejuicios y aprender de lo mejor que tiene cada una.
Tenemos la suerte de estar presenciando el nacimiento de la nación ecuatoriana. En este siglo en que la atención de la humanidad retorna a lo sencillo, lo natural y lo auténtico, tenemos la oportunidad de despuntar como una cultura muy rica y original.
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