Empresa de EE.UU. y Espol mantienen un proyecto para el cultivo del crustáceo a costos menores.
Consumida en restaurantes de países con un alto poder adquisitivo, la langosta australiana intenta resurgir en Ecuador como un cultivo opcional para su exportación.
Un proyecto con el cual se quiere bajar los costos de producción está en marcha cerca de Babahoyo. En más de una decena de piscinas, que en promedio tienen entre 1 y 1,2 hectáreas, se reproduce y cultiva esta especie de agua dulce.
En la iniciativa está involucrada la compañía estadounidense Phillips Seafood, que efectuó un desembolso para que la Facultad de Ingeniería Marítima de la Espol arranque con el cultivo experimental de este producto.
Al final, una vez definido un sistema que no implique mayores gastos, se busca replicar el modelo especialmente en áreas rurales, a través de pequeños productores que tengan la disponibilidad de terrenos.
En Ecuador existen antecedentes comerciales de este tipo de langosta, que fue introducida en la década de los noventa. Durante esos años, la falta de un mercado con precios que justifiquen los altos rubros de producción hizo que muchos abandonen la actividad.
Actualmente, varias empresas compran el crustáceo que crece en poblaciones silvestres de represas y albarradas. Los comerciantes dicen que el volumen y el tamaño de captura se han reducido en los últimos años.
Todo el producto que ahora se compra en las represas se procesa para enviar a Estados Unidos. Por semana, en la zona de Chongón se recogen unas 2.500 libras, mientras que en el sector de Daule-Peripa se capturan 3.000 libras por semana.
Fabrizio Marcillo, gerente técnico del proyecto y docente de la Espol, explica que la langosta australiana, conocida en algunos países como red claw (uña roja), es una especie de fácil cultivo y adaptación, que puede venderse cuando está por encima de los 40 gramos.
Para tratar de establecer una producción de bajo costo, la Politécnica emprendió el cultivo considerando dos sistemas. Uno de ellos a través de un mecanismo continuo con el cual se pesca el animal sin detener la producción en la piscina.
El otro modelo, que al momento ha dado mejores resultados, es el Batch. Con este se cosecha el producto cuando se retira el agua de la piscina y luego se vuelve a sembrar. En la alimentación se ha usado un tipo de balanceado que combina pescado, torta de soya, polvillo de arroz y otros elementos.
Marcos Murillo, gerente de compras de Phillips Seafood, manifiesta que la idea de todo el proyecto es incentivar el cultivo de la langosta, pues ahora los volúmenes que se obtienen en las represas son pequeños.
Y aunque hay resultados preliminares del proyecto, se espera –a final del año– obtener costos de producción de alrededor de $ 0,60 por cada libra de langosta. En el mercado local, cada productor podría obtener entre $ 0,80 y $ 0,90 por libra.
Empresarios acuicultores estiman que esta podría ser una opción para diversificar la actividad en el área rural.