Domingo 12 de octubre del 2008 Política

Sucumbe la dieta mediterránea

KASTELI, Grecia | Por ELISABETH ROSENTHAL

Michalis Stagourakis ha visto una transformación en sus consultas pediátricas.

Los resfriados y dolores de estómago de la niñez se entremezclan con condiciones mucho más serias: diabetes, hipertensión arterial, un nivel elevado de colesterol. Una dieta cambiante ha producido una epidemia de obesidad y de enfermedades relacionadas.

Pequeños poblados como éste en la parte occidental de Creta, considerados la cuna de la famosamente saludable dieta mediterránea, con su énfasis en el aceite de oliva, frutas y verduras frescas y pescado, se ven ahora inundados de chocolaterías, pizzerías y comida rápida.

La dieta tradicional, baja en grasas saturadas y alta en nutrientes como los flavonoides, estaba basada en verduras, frutas, granos sin refinar, aceite de oliva y vino para cocinar. El pescado, los frutos secos, las aves, los huevos, el queso y los dulces se agregaban una vez por semana.

La carne roja, la azúcar o harina refinadas, la mantequilla y otros aceites o grasas rara vez se consumían.

La investigación sobre la dieta cobró ímpetu en los 90, al tiempo que los científicos observaban que la población mediterránea vivía más y tenía índices bajos de enfermedades graves.

Pero la dieta mediterránea pierde presencia en su región de origen. Hoy es más probable encontrarla en restaurantes elegantes de Londres y Nueva York que entre la generación joven de lugares como Grecia, donde dos terceras partes de los niños tienen sobrepeso y los efectos sobre la salud van en aumento.

“Éste es un lugar donde se solía ver a personas que vivían hasta 100 años, donde toda la gente estaba en forma y delgada”, dijo Stagourakis. “Ahora ves niños cuya esperanza de vida es menor que la de sus padres. Eso asusta a la gente”.

Esa preocupación ha sido reiterada por la Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU, que señaló en un reporte este verano que la dieta de la región se ha “deteriorado hasta llegar a un punto moribundo”.

Alarmado por las tendencias, el Gobierno griego ha recorrido anualmente escuelas en aldeas como Kasteli durante los últimos años, para pesar a los niños y enseñarles sobre nutrición.

Sin embargo, es una batalla difícil.

Esta primavera se encontró que la mayoría de los niños en la escuela primaria de Kasteli, un somnoliento pueblo portuario con una población de 3.000 habitantes, tenía el colesterol alto.

En Grecia, tres cuartas partes de la población adulta tienen sobrepeso o son obesos, el peor índice en Europa “por mucho”, según la ONU. Los índices de niños varones de 12 años con sobrepeso aumentaron más del 200% de 1982 al 2002 y se han incrementado aún más rápido desde entonces. En Italia y España más del 50% de los adultos tiene sobrepeso.

En Grecia, el incremento en el número de niños pasados de peso ha sido impresionante, afirman padres de familia y doctores. “Su dieta es totalmente diferente a la que teníamos nosotros”, mencionó Soula Sfakianakis, de 40 años, al recordar desayunos de leche de cabra, pan y miel. Su hijo, Vassilis, de 9 años, dijo que prefería hojuelas de maíz en la mañana y bistec o macarrones para la cena.

Antonia Trichopoulou, profesora de epidemiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Atenas, comentó que el problema se había agudizado con la proliferación de supermercados y, especialmente, de comidas instantáneas.

Dimitris Loukakis, de 44 años, señaló que le preocupaban tanto los cambiantes hábitos alimenticios que compró una granja para cultivar él mismo cosechas tradicionales.

Él y su esposa tomaban café helado en un café mientras María, su robusta hija de 9 años, mordisqueaba un pastel de espinacas y tomaba agua.

“Estoy a dieta; tengo que comer menos”, expresó María. “Vaya dieta”, replicó su padre.

“Ahora tratamos de impedir que coma azúcar. Si continuamos así, vamos a ponernos como los estadounidenses, y nadie quiere eso”.

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