Los fieles llegaron por centenas para visitar el santuario o esperar los actos por la canonización.
Fernando Lara no quiso arriesgarse. El viernes terminó una obra vial en Nobol y debía regresar a Milagro enseguida, pero no. Él prefirió montar guardia en la hacienda San José. Dos noches en el suelo –en la pequeña carpa que acomodó cerca de la tarima donde hoy se tenía previsto oficiar misa– son su ofrenda a Narcisa de Jesús, a quien vio convertirse en santa esta madrugada.
Lara, un técnico en construcciones viales de 33 años (“la edad de Cristo cuando murió”, resalta), forma parte del Apostolado Espíritu y Vida. “Vengo a agradecer por mi trabajo, por mi familia, por la salud. Así esté incómodo, no me importa. Me quedo por algo sagrado”, cuenta mientras luce en su cuello un rosario de madera que no se saca hace más de cinco años.
La mañana de ayer, sin embargo, la actividad fue más intensa en el Santuario de Nobol. Los fieles, por centenas, hicieron fila desde temprano para ingresar al templo a ver la urna donde reposa el cuerpo de Narcisa. Afuera, la columna era de al menos 100 metros. Adentro, la emoción era incalculable.
Jeanet Mirabá y su familia no pudieron esconder su aflicción. Estuvieron en pie a las 03:00 y una hora más tarde dejaron La Libertad para ser de los primeros en rezarle a la Santa. Tienen razones de sobra. Junto a la urna, Mirabá lloraba por sus cuatro hijos –de entre 4 y 13 años– que se resisten a que ella los abandone por la enfermedad que le detectaron hace siete meses: cáncer al estómago.
“Dejé de trabajar, seguí la quimioterapia, perdí mi cabello y ahora me dicen que nada resultó. Mi hijo más pequeño llora y le pide a Dios que cure a su madre. Necesito un milagro”.
Amada Ibarra también busca uno. Su madre, devota de Narcisa “desde siempre”, el año pasado perdió la movilidad –y, con ella, la fe– a causa de un derrame cerebral. “Desde chiquitas siempre nos hablaba de Narcisa a mis hermanas y a mí. Le rezaba porque decía que había curado a su hija mayor, que no podía caminar. Ahora es ella quien está así y yo quien pide que vuelva a ser la misma de antes, que vuelva a tener fe”, relata mientras su madre –en silla de ruedas– recibe agua bendita.
Los fieles también aprovechan para acercarse al museo donde se exhiben objetos de Narcisa o bendecir sus imágenes y estampas.
También hay un área en donde se reciben las “intenciones”, los mensajes que los devotos piden que se lean durante las misas de hoy.