- OCT. 12, 2008 - Foto - Religiosa y Obituarios - EL UNIVERSO
San Mateo, en el séptimo capítulo de su evangelio, recogió un aviso de Jesús que debemos meditar un millón de veces: “No todo aquel que diga ‘Señor, Señor’ entrará por eso en el reino de los cielos, sino que aquel que haga la voluntad de mi Padre, ese entrará”.
Es una advertencia que, señalando un peligro frecuente –el de la conversión de la piedad en una técnica de hablar correctamente–, a la vez ilumina la senda que lleva hasta el cielo.
Esta vía que termina en la felicidad total no es otra que el hacer con nuestra vida lo que Dios nos pide. Esto es, lo que nos va indicando con sus mandamientos, con los preceptos de la Iglesia, con las cargas y deberes que se siguen del estado que tenemos y con las situaciones –siempre originales– en que Dios nos pone.
Eso es lo que las personas santas –es decir los bienaventurados– hicieron en la Tierra. Y por eso merecieron –quizás después de haber sufrido alguna purificación complementaria– gozar eternamente de la visión y del amor de Dios.
Pero entre tantos santos que se encuentran en el cielo, hay algunos que reciben de la Iglesia una especie de certificado acerca de su condición en la otra vida. Son hombres y mujeres que ella ha puesto en el “catálogo” de santos que se llama Canon.
Esta canonización de una persona es una declaración del Papa que incluye la infalibilidad. Es decir que, sin posible error, la persona inscrita en esa lista se encuentra ya con Dios, se puede recurrir a ella para que interceda por nosotros, vivió en la Tierra de manera heroica y puede ser modelo de conducta para algunos fieles.
A Narcisa de Jesús, el Papa Benedicto la ha canonizado hoy en Roma. La ha incluido, ante la urbe y el orbe, en el elenco de los santos y santas de la Santa Madre Iglesia. Y, por tanto, la Doncella de Nobol, la mujer de nuestra Costa ecuatoriana, ha recibido esa especie de certificado acerca de su santidad.
Ahora bien, ella quiso parecerse a Santa Marianita de Jesús. Ella fue una mujer penitente al estilo de la época. Ella fue caritativa. Ella fue generosa... ¿En cuál de las virtudes de Narcisa se debe detener nuestra meditación?
Pienso que a usted y a mí la niña Narcisita nos insiste en la humildad. Nos recomienda que vivamos –como ella– para hacer con nuestra vida lo que Dios haya dispuesto, la misión para la cual fuimos creados. Es decir, que vivamos para hacer la Voluntad de Dios, y no para decir ‘Señor, Señor’.