Miles de fieles devotos de Santa Narcisa de Jesús acudieron hasta la hacienda San José, en el cantón Nobol, para presenciar la misa de acción de gracias que se organizó con motivo de su canonización realizada hoy por parte del papa Benedicto XVI.
Muchos mantuvieron vigilia durante toda la madrugada, mientras se realizaba la misa en Ciudad del Vaticano, a las 03:00 de nuestros país, mientras otros fueron llegando poco a poco a la hacienda, donde la Narcisita pasó parte de su vida, descubriendo el camino hacia Dios.
Cánticos y alabanzas acompañaron la ceremonia religiosa que recibió a centenares de católicos y creyentes.
"Hoy es un día de gloria para ciudad Narcisa de Nobol, para Guayas, para Ecuador. Es un día de fe", señaló en la homilía Monseñor Mario Ruiz, quien lideró la ceremonia.
Agregó que su canonización es un llamado a intensificar la piedad para luchar por dar respuestas concretas a las angustias y esperanzas humanas. De Narcisa de Jesús destacó su humildad, su renunciamiento y su entrega a un Dios de amor.
Los visitantes, muchos de los cuales ingresaron al recinto de rodillas, con velas encendidas, imágenes y rosarios, habían observado durante la madrugada la santificación de la joven noboleña, en pantallas gigantes.
Dos milagros atribuidos a la también conocida como "Violeta de Nobol" permitieron su canonización. Uno fue concedido Edermina Arellano, de 23 años, quien nació sin su aparato reproductor. A sus siete años, la malformación fue verificada por médicos. Sin embargo, luego de que su madre en un acto de fe posara en su cuerpo un algodón que había pasado por la urna que guarda los restos de Narcisa de Jesús, le sobrevino temperatura e inexplicablemente el defecto fue sanado.
Otro milagro fue efectuado en Juan Bautista Pesántez, un agricultor que tras encomendarse a la nueva santa, fue curado de un tumor maligno entre sus ojos, en 1967.
Narcisa de Jesús Martillo Morán se convirtió así en el tercer santo ecuatoriano, luego de Marianita de Jesús y el Hermano Miguel.
Desde 1969, cuando falleció a los 37 años de edad, los restos de Narcisa de Jesús permanecen incorruptos en una urna de cristal, es decir, sin que hayan pasado por el estado normal de descomposición, solo cubiertos por una mascara que trató de reproducir sus rasgos y un atavío y guantes blancos.