sábado 11 de octubre del 2008 Columnistas

Bajó el telón

Solía decir que la vida es como el teatro: ocupas diferentes escenarios, a veces te rechazan y otras te aplauden, y así es hasta que baja el telón.

El telón  bajó el 8 de octubre para José Martínez Queirolo, a quien todos conocíamos como Pipo. Dotado de una gran capacidad de observación aguda y crítica de la realidad, nutrió de ella sus piezas dramáticas.

Descubrió su vocación mientras estudiaba ingeniería y el llamado del teatro fue tan fuerte que dejó los números para incursionar en la escena con su actuación, con sus textos y con su dirección.

Es difícil olvidar su interpretación del monólogo Réquiem por la lluvia; la primera puesta en escena de Q.E.P.D. o su lectura de lo que significó para unos y otros la crisis del cacao, en Cuestión de vida o muerte.

Sus piezas teatrales motivaron a más de una generación, La casa del qué dirán y El baratillo de la sinceridad han sido representadas, una y otra vez, por actores experimentados y por estudiantes principiantes que, además, recibieron y disfrutaron el mensaje.

Su gran sentido del humor y su fina ironía nos pusieron muchas veces frente a nosotros mismos, con un sentido crítico no exento de cierta rebeldía.

Fue, sin duda alguna, la figura más alta del teatro ecuatoriano de las últimas décadas, aunque su innata sencillez no lo hiciera notar. Creía en el teatro, amaba el teatro, confiaba en la fuerza de la palabra y de la escena, pero huía de la comercialización de sus diálogos chispeantes y de sus planteamientos, a veces cáusticos, pero hechos siempre con humor. Ponía el corazón en todo lo que hacía, hasta que su corazón se rindió.

Si la vida es como el teatro, como Pipo decía, vale la pena que nos preguntemos cuáles son nuestros escenarios y cuál la calidad de nuestra actuación, ahora, antes de que baje el telón sobre nosotros, porque entonces solo quedará lo que hayamos sido capaces de hacer con dignidad y con altura.

El telón bajó sobre la vida biológica de Pipo, pero no bajará, no podemos permitir que baje sobre su vida teatral y el mejor homenaje que podemos hacerle es decir con sus obras, una y otra vez, “arriba el telón”.

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