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VIERNES | 10 de octubre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Que alguien elimine el famoso ‘palanqueo’

¡Hasta cuándo se sigue dando por todas partes en nuestro país el famoso “palanqueo” que lo resuelve y agiliza casi todo!

¿Habrá autoridad que de una vez por todas termine con esta forma de corrupción de dar prioridad a alguien o a algo solo por amistad, recomendación o por pasar dinero? Esta actitud deshonesta se ha instaurado tanto en las empresas públicas  como   privadas del país. Y es una práctica antepuesta a la verdadera capacidad y preparación que tienen las personas. Muchos ecuatorianos nos esforzamos para estar capacitados, sin embargo, cuando se da el caso de que nos presentamos a aplicar para un puesto laboral, pese a nuestros  conocimientos y cultura...,  nos “chocamos” con ese muro inmoral del “palanqueo” que solo da oportunidad al que tiene “padrino”  o da plata.

Es  común escuchar en unas dependencias  que nos digan: “Si tiene palanca puede entrar a trabajar”. Y la única esperanza que dan a los que no tienen una “palanca”  es “deje su carpeta que nosotros lo llamaremos”. Pero nunca llaman. ¿Dónde quedan la educación, los conocimientos que esforzadamente hemos adquirido, y las  experiencias logradas en anteriores trabajos?

¡Basta ya de esta injusta y discriminatoria práctica!

Byron Armando Bedor Alvarado,
Guayaquil

Del doctor Alfredo Palacio

Mis declaraciones de prensa durante el acto electoral del domingo 28 de septiembre, consistieron en lo siguiente:

Esta Constitución recoge reformas políticas, económicas, constitucionales y sociales que mi Gobierno propuso, impulsó o logró.

La partidocracia en el Congreso y en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) rechazó siete de esas propuestas. Pero, esta Constitución tiene aspectos que no comparto totalmente. Sin embargo, resulta saludable para la democracia la presencia de distintas ideas y tendencias que deben reflejarse en el balance de los poderes.

Por lo tanto, propuse el domingo acordar consensos en dos puntos iniciales: primero, respetar la decisión que mayoritariamente haya tomado el pueblo ecuatoriano en el referéndum; segundo, la mayoría que triunfe debe entender que las democracias modernas se caracterizan por tener varios espacios de poder que no pueden ser ocupados por un solo grupo, por mayoría que sea.  Si una sola tendencia ocupa todos los espacios no habrá lugar al ejercicio  político, y el poder político dejará de existir para convertirse simplemente en poder absoluto. La democracia exige que los diferentes espacios de poder sean ocupados por las distintas tendencias de mayoría o de minoría.

Vale la pena la clarificación de conceptos en el contexto histórico que vive la patria.

Alfredo Palacio,
doctor en medicina, ex presidente Constitucional de la República del Ecuador. Guayaquil

Guayaquil y la política

La apretada victoria que obtuvo el No en Guayaquil se debe a que en gran parte el pueblo está ilusionado y esperanzado en esta Constitución que pocos la habrán leído y ha sido mal escrita –con contradictorias– siendo una de las peores que hemos tenido, según han dicho los que saben. Pero quienes vivimos en Guayaquil y la amamos creíamos que iba a tener un triunfo respetable.

Gente de esta ciudad soslayó la obra hecha y la que está haciendo el Municipio, a favor precisamente de los más necesitados. Dicha transformación urbana ha servido para que hoy Guayaquil brille con luz propia entre las mejores de América; sin embargo, fueron esos ciudadanos los que con su voto pagaron mal por bien.

Es injusto, pero así es el mundo donde la ingratitud y los malagradecidos han existido siempre. Lo fueron con Jesús que hizo tanto bien a todos y  ¿cómo le pagaron? Entonces, que no nos cause sorpresa. Ojalá todos aquellos que votaron por la Constitución sean atendidos   y les cumplan lo prometido.

De todos modos, el alcalde Jaime Nebot seguirá avante, como siempre lo ha hecho, defendiendo a Guayaquil contra viento y marea, para al final rememorar lo que nos dijo Jesús: “Por sus obras lo conoceréis”.

Vicente Jaramillo Guerra,
Guayaquil


Guayaquileños damos la más cordial bienvenida a los visitantes a nuestra libérrima Guayaquil de mis amores.

Encontrarán caras compungidas muy diferentes a las de una mayoría de alegre y feliz gente, “festejando” un nuevo aniversario de independencia, pero no la reconfirmación, en las urnas, de nuestra envidiada autonomía.

También encontrarán y encuentran aquí manos extendidas y corazones abiertos para el turista. Además recibirán y reciben el saludo más afectuoso de toda la población siempre en constante y sostenido crecimiento, para el bienestar de su gente y sus huéspedes; así como la dura crítica para el que se sirve de nuestra tierra y no retribuye en nada en su adelanto, el cual, gracias a sus hijos, en especial de nuestro Alcalde, contamos ya con un aeropuerto muy eficiente, con la más completa terminal terrestre, lujosos y acogedores hoteles, modernos transportes urbanos de pasajeros, y lo mejor, la calidez ciudadana.

Sin embargo, ciertos estimados visitantes, por tener nosotros aún más defectos que virtudes, les pedimos: mejoras en nuestra deficiente seguridad pública, avanzar en controles de nuestro medio ambiente, descaotizar nuestro complicadísimo tránsito vehicular, y lo más fácil, aumentar el panorama turístico, incrementar áreas verdes en el entorno del hermoso río Guayas, y los bellos esteros que nos engalanan, unir los cerros Santa Ana, El Carmen, la isla Santay y Durán, mediante un moderno teleférico; y construir en el menor tiempo posible  la nueva terminal marítima luego del Malecón 2000, a la altura de la calle Cuenca.

Soñadas proyecciones teníamos internamente nosotros para un futuro inmediato, y esperamos que entonces ustedes las hagan, pues a esta ciudad se la agasaja con obras majestuosas; lo demás son ofertas que no se cumplen.

Fernando Renella Coll,
Guayaquil

Siguen los dólares falsos

Quiero denunciar el acto de corrupción del que fui objeto hace poco en una institución bancaria.

El pasado jueves 2 de octubre me dirigí a un banco en la calle 9 de Octubre, a las 13:30, donde fui atendido por el cajero Nº 1. Yo debía hacer un depósito de $ 850 y entregué al cajero $  860, por lo que él me dio un billete de $ 10 de vuelto.

Salí de la entidad bancaria y al querer comprar un producto en un establecimiento, el único billete que yo tenía era el que me acababa de dar el banco, pero no me lo aceptaron porque me dijeron que era falso.

Inmediatamente regresé al banco y fui donde el cajero para reclamarle, pero él negó haberme dado el billete. Luego recurrí donde la jefa del banco para explicarle la situación y tampoco quiso aceptar mis reclamos, diciendo que ellos nunca pasan billetes falsos.

Es por este motivo que acudo a este espacio para denunciar que hay otros casos como el mío, pero el problema es que como la gente no denuncia, no se sabe con qué frecuencia pasan billetes falsos, a diario,  a las personas en instituciones bancarias. Ojalá las autoridades pongan cartas en el asunto y  pueda haber ya  responsables por daños causados.

Jorge W. Álvarez Álvarez,
Guayaquil

La educación superior

La educación superior debe ser de la mejor calidad, a fin de que el desarrollo sostenible y sustentable sea real en nuestro Ecuador.

Las universidades se yerguen como crisoles que magnifican la gestión de formación de las capacidades del individuo. Por ello, deben responder a la lógica de articulación de procesos idóneos que respondiendo a una estructura homologadamente empresarial, se maneje sinérgicamente.

Estoy de acuerdo en que la universidad se deba administrar como una empresa, pero sin olvidar sus fines y responsabilidades sociales, por ende, la acreditación debe obtenerse y mantenerse.

Sin embargo, para analizar la eficiencia de la empresa educativa se deben utilizar indicadores que permitan cuantificar y cualificar su rentabilidad, con el  fin de que se garantice la sostenibilidad en el tiempo de las instituciones; así, no solo aquella unidad que tenga más alumnos sería la “más eficiente”, pues es conocido lo que la masificación ha traído a la educación, haciéndola perder calidad y pertinencia por el solo hecho de sumar cada vez más estudiantes, como único objetivo obtuso de medición de resultados.

John Eloy Franco Rodríguez,
Guayaquil

Las universidades deben ser verdaderos semilleros no solo de la ciencia y el saber, sino propender a la formación de valores, tan venidos a menos en la actualidad.

La calidad de la educación superior y de los profesores  debe mejorar con la revolución del siglo XXI.

Maritza de Fuentes,
Guayaquil

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