Los cuerpos sin vida de 28 emigrantes ilegales procedentes de Somalia y de Etiopía fueron recuperados anoche en la costa de Yemen y se teme que decenas más hayan muerto, informaron hoy fuentes de la ciudad yemení de Ahwar.
Pescadores de esa localidad y fuentes de la organización Médicos Sin Fronteras dijeron a Efe telefónicamente que los patrones de la patera obligaron a los emigrantes a abandonar la embarcación en la que viajaban.
Según las fuentes, de los 150 somalíes y etíopes que iban en la embarcación, 47 personas lograron sobrevivir. Los cadáveres de 28 emigrantes llegaron a la villa de Arqa, vecina a Ahwar, pero todavía hay 75 personas desaparecidas y se teme por su vida.
La patera había salido desde la costa somalí, pero se desconoce en qué fecha. Los cuerpos de los emigrantes ilegales fueron enterrados hoy por pescadores locales en Arqa, unos 300 kilómetros al este de la ciudad portuaria de Adén, agregaron las fuentes.
Decenas de personas han muerto en las últimas semanas al ver frustrado su intento de llegar ilegalmente a las costas yemeníes desde Somalia, un país que vive en medio de luchas tribales desde 1991 y sin un gobierno que haya logrado imponer su autoridad.
El pasado 29 de septiembre la Alta Comisión de la ONU para los Refugiados (ACNUR) dijo que al menos 52 somalíes murieron en el golfo de Adén tras ser abandonados a la deriva durante 18 días por los traficantes que les transportaban, sin agua ni comida.
Semanas antes, el 10 de septiembre, ACNUR dio cuenta de que 26 personas murieron en un incidente parecido después de haber salido de Somalia con intención de llegar a Yemen, también después de que fueran obligados a abandonar la patera en la que viajaban.
Los que sobrevivieron al viaje dijeron que los traficantes les habían engañado diciéndoles que una embarcación más pequeña los recogería y los llevaría hasta la costa de Yemen.
Más de 30.000 personas, la mayoría de ellas somalíes, han entrado ilegalmente a Yemen desde comienzos de año, ayudados por contrabandistas que cruzan el golfo de Adén, según datos de ACNUR. El año pasado esa cifra no superó las 1.000 personas.