Miércoles 08 de octubre del 2008 El Gran Guayaquil

Fragancias que resisten al tiempo

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Xavier Bueno utiliza las fórmulas de esencias heredadas por su padre y su abuelo para recrear olores en la Perfumería Victoria.

La perfumería es la pasión de la familia Bueno. Tiene tres generaciones en el negocio.

Exclusivos aromas elaborados al gusto de sus compradores, esencias importadas en pequeños frascos y la ilusión de la belleza vendida en polvos y lápices fueron los protagonistas de una época en la historia de la Perfumería Delicias, que funcionó desde 1926 hasta 1986.

Hoy, aun con otro nombre y en otro lugar, se mantiene la empresa de las fragancias en la familia Bueno, siguiendo así el legado de su fundador.

El ecuatoriano Ricardo Bueno del Bosque  regresó de Chile en 1921 y con él trajo su afán de hacer vino.  Un deseo que pronto se truncó y que derivó en otra iniciativa: un negocio de refrescos, que también sucumbió ante la presión de la competencia de las grandes marcas de cola.

Su pasión no estaba en el vino. No estaba en las colas. Estaba en las fragancias. La encontró cuando estableció Delicias.

“El local fue considerado exclusivo cuando aquí no llegaban fragancias embotelladas”, comenta ahora Xavier Bueno, su nieto, basado en las historias que escuchó de su padre.

La familia Bueno, pese a los contratiempos, ha insistido en cultivar la tradición desde los aromas. Así, como una opción popular al exclusivo mundo de las fragancias, nace en junio de 1946 la Perfumería Victoria.

 Colonias, talcos, brillantina y cremas a precios asequibles fueron sus primeros productos frente al parque que le dio a la perfumería su nombre.

Pero las marcas internacionales fueron una amenaza. La opción para sobrevivir recayó en elaborar esencias “para todo propósito”, como las define Bueno.

Frascos con etiquetas como Perfume Vencedor, Viuda Alegre o Sígueme Sígueme ahora llenan los estantes y mantienen el negocio.

Es un ambiente esotérico que se alimenta con fórmulas que llevan los clientes o con antiguos preparados guardados desde los inicios del negocio.

Bueno reconoce que antes se compraba una onza de esencia a dos dólares y ahora las ventas no exceden los cuartos de onza por cliente.

“Cuando la crisis empeora, el negocio no decae, la gente aquí pone su esperanza”, reflexiona Xavier Bueno, quien administra el local ubicado en Ayacucho entre Pío Montúfar y Pedro Moncayo.

El primer local de la perfumería lo maneja ahora Petita Carlo, quien después de ayudar a la familia por 27 años recibió como su liquidación la tienda de Clemente Ballén y Quito.

En un cuarto sobre la tienda   Xavier prepara las mezclas. Lo hizo su abuelo, su padre y ahora él. Bueno quiere mantener el negocio y honrar la memoria de sus ascendientes con lo que más gustaban hacer: perfumes.
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