Miércoles 08 de octubre del 2008 Religiosa y Obituarios

Para Martin Reyes es un orgullo cuidar la urna de Narcisa

NOBOL, Guayas

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NOBOL, Guayas. Martín Reyes supervisa a diario la limpieza de la urna de Narcisa de Jesús.

Santuario de Nobol.

Una de las actividades de Martín Reyes, de 25 años, sacristán del Santuario de Nobol, es supervisar que la urna donde reposan los restos de Narcisa de Jesús y que están en el altar mayor esté perfectamente limpia y que los peregrinos no estropeen el sitio, sobre todo, después de las misas.

Él, junto a Hugo Chávez, administrador del Santuario  y Fanny Véliz, secretaria, son los principales responsables de  que el Santuario esté en orden, bajo la  dirección del rector, el padre Stanley Henríquez.

Desde el colegio
Como estudiante del colegio Narcisa de Jesús en Nobol y luego del primer curso del seminario mayor en Guayaquil, Reyes afirma  tener las bases para trabajar en el Santuario.

Pero sobre todo, por la devoción que le inculcaron a Narcisa de Jesús Martillo desde que era  adolescente.

Su trabajo en el Santuario se inició hace poco más de tres años, cuando el padre Jaime Andrés Cedeño, entonces rector del sitio, le pidió que trabajara  con él como sacristán y su  “mano derecha”.

Entre sus labores le corresponde guiar a los peregrinos que se acercan al Museo de Narcisa de Jesús, adyacente al Santuario. Allí se encarga de explicar, con detalle, cómo Narcisa utilizaba los silicios para infligirse dolor. “ Ella hacía esto por el perdón de los pecados de los demás”, manifiesta mientras enseña también la réplica de la cruz en la cual ella se colgaba como sacrificio.

Reyes comenta que el cuerpo de Narcisa de Jesús llegó de Guayaquil a Nobol en 1972, donde primero estuvo en una cripta y de allí fue  trasladado al altar mayor del Santuario, donde se guardan sus reliquias.

La urna donde están los restos es custodiada por un ayudante más del Santuario, Martín Almeida, de 20 años. Él y Reyes se encargan de  limpiarla con paños blancos que se  utilizan  para este fin y son guardados en un lugar especial. Regularmente lo   hacen  dos o tres veces por semana.

“Solo con una orden del Arzobispo se pueden ver los restos de Narcisa. De lo contrario, esta urna no se abre”, explica y detalla que el vestido lo donó  María Conforme y que el rosario que la efigie de la urna sostiene entre las manos lo colocó monseñor Roberto Pazmiño.
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