martes 07 de octubre del 2008 Columnistas

Tardías verdades de Olmert

EE. UU.

Ehud Olmert, quien pronto será el ex primer ministro israelí, expresó algunas sorprendentes verdades la semana pasada. Dijo que a cambio de la paz, Israel debería retirarse de “casi toda” la ribera Occidental (Cisjordania) y compartir su ciudad capital, Jerusalén, con los palestinos.

También dijo que como parte de la negociación de un acuerdo de paz con Siria, Israel debería estar preparado para renunciar a la Meseta del Golán.

Es frustrante que Olmert, quien está renunciando al cargo de Primer Ministro luego de haber sido acusado de corrupción, hubiera esperado tanto tiempo para hacer estas declaraciones. Y resulta trágico que no haya hecho más por actuar con base en esas creencias cuando él aún tenía poder real.

Sus declaraciones en una entrevista de despedida con el diario Yediot Ahronoth no fueron similares a nada que haya expresado un líder político de Israel –cuando menos en público– alguna vez. Además, él descartó cualquier sugerencia en el sentido de que Israel debería actuar por sí solo para destruir el programa nuclear de Irán, considerando que eso era “megalomanía”.

Siempre ha existido una brecha muy grande entre lo que Olmert cree, en cuanto a que la seguridad y supervivencia demográfica de Israel dependen de una solución de dos estados, y lo que ha estado dispuesto a hacer para alcanzar un trato de este tipo. Por su parte, el presidente palestino, Mahmoud Abbas, tampoco ha mostrado valentía política, y por mucho. El resultado es que si bien estos dos hombres han estado negociando desde la conferencia de paz efectuada en Anápolis el otoño pasado, la que fue encabezada por los estadounidenses, se ha logrado escaso progreso.

Por supuesto, se deben resolver muchos temas cargados: el trazado de fronteras permanentes que le den a Israel fronteras defendibles y un Estado económicamente viable a los palestinos; encontrar una forma de que ambas partes reclamen Jerusalén como su capital; aunado a compensar y reubicar a refugiados palestinos en el nuevo Estado palestino.

Sin embargo, Olmert nunca tuvo la voluntad necesaria para dar siquiera los pasos tácticos que hacen falta para mejorar las vidas del palestino común, aunado a darles una verdadera participación en la paz: el congelamiento total de la expansión de asentamientos judíos y una reducción considerable de los retenes en la ribera Occidental, los cuales están sofocando a la economía palestina. Si bien es un mensajero desacreditado, Olmert aún merece el reconocimiento por haber puesto sobre la mesa los temas más delicados e identificar la única fórmula viable con miras a un acuerdo de paz.

Tzipi Livni, la sucesora designada de Olmert, ha sido la negociadora en jefe de Israel a lo largo del último año. Es improbable que ella demuestre candor cuando intente darle forma a un gobierno de coalición. Sin embargo, nosotros abrigamos la esperanza que ella tome con seriedad las verdades de Olmert. Asimismo, esperamos que esté dispuesta a hacer lo que haga falta para erigir una paz duradera.

© The New York Times
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