Designado el primer lunes de octubre de cada año por Naciones Unidas para conmemorar el Día Mundial del Hábitat, su objetivo es despertar la conciencia de la gente sobre el estado de nuestras ciudades y poblaciones, sobre el derecho básico a un techo adecuado, recordar al mundo su responsabilidad colectiva para el futuro del hábitat humano y atraer la atención hacia el impacto en el medio ambiente del proceso de aceleración urbana, como lo muestra el rápido e inquietante crecimiento de los barrios marginales que contribuyen a impedir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
De hecho, el tema del Día Mundial del Hábitat de este año es “ciudades armoniosas”, que llega en una época donde la mayoría de la población mundial vive en poblaciones y ciudades, calificadas de “tribus accidentales” por Dostoievski, alcanzando la alarmante cifra de un billón de personas, un desafío mayor que enfrenta el desarrollo en la actualidad. “No podemos continuar cerrando los ojos ante los habitantes de los barrios indigentes que viven en condiciones que amenazan sus vidas ni podemos escondernos del hecho de que la pobreza y las desigualdades urbanas siguen aumentando, tanto en el mundo en desarrollo como en el desarrollado”, declara Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas.
En el curso de estos últimos 50 años, unos 850 millones de personas abandonaron el campo por los centros urbanos, pues hoy el mayor número de gente del medio rural busca las ciudades por tener una mejor vida, pero rara vez lo logra debido a la falta de infraestructura necesaria. Son la pobreza extrema, falta de higiene, enfermedades, analfabetismo, inseguridad y delincuencia que esperan a esos migrantes rurales.
Es indudable que la proliferación de la urbanización anárquica y hábitat insalubre provocan cambios permanentes en el medio ambiente, en el uso del agua, de la tierra y de la energía, incrementando así la inseguridad, la insalubridad y espacios marginales, en cambio, bien planeada puede ofrecer oportunidades a los excluidos. “Muchos de los desafíos mundiales más apremiantes –pobreza, desastres naturales, escalada de precios de los alimentos y de materia energética– están estrechamente vinculados con la rápida urbanización”, puntualiza Ban Ki-moon.
Según la directora ejecutiva del Hábitat de Naciones Unidas, Anna Tibaijuka, las ciudades consumen más del 75% de toda la energía, contribuyendo con ese mismo porcentaje a la emisión de gases a la atmósfera de efecto invernadero, añadiendo que no es coincidencia que el cambio climático se encuentre hoy al frente del debate internacional.
De acuerdo con el Proyecto sobre el rol de la agricultura de la FAO (ROA), el éxito de Chile en reducir el número de migrantes hacia las ciudades se debe al estímulo del empleo en el campo por medio de la promoción de cultivos frutales y de empresas de transformación orientadas hacia la exportación, probando de esta manera que con políticas agrícolas apropiadas de inversiones públicas en la agricultura se puede frenar el éxodo rural y aflojar la presión de los centros urbanos. El resultado será la disminución de la polución, de la criminalidad y de enfermedades originadas en la promiscuidad.