- OCT. 07, 2008 - Foto - Religiosa y Obituarios - EL UNIVERSO
Tras un vestido blanco y una máscara de cera permanece oculto lo que para muchos es un misterio y a la vez testimonio de fe, el cuerpo incorrupto de la beata de Nobol, Narcisa de Jesús Martillo Morán.
Miles de devotos, de todas partes del Ecuador, se acercan a diario a la urna de cristal en la que reposan sus restos en el santuario de ese cantón.
Jacqueline Gaibor, de Bolívar, visita a Narcisa junto a su familia, por favores que dice haber recibido. “Al contemplarla se me vienen muchas cosas a la mente. Son muchas incógnitas sobre cómo estará su cuerpecito”, comenta Gaibor sin apartar la vista de la urna.
Jenny García, de Manta, se sorprende al ver la forma en que se mantiene el cuerpo de Narcisa. “Una la ve y se convence de que es real, de que Narcisa está ahí”.
Han pasado 138 años de su fallecimiento, ocurrido el 8 de diciembre de 1869, en el convento del Patrocinio en Lima. Documentos y crónicas señalan que Narcisa, quien con su vida dio testimonio de amor a Dios, y a quien se le atribuyen milagros, conservó varios días después de muerta una piel lozana y sonrojada con aroma agradable.
Quienes han visto sus restos aseguran que permanecen casi intactos, con pocos signos de un deterioro que, con la muerte y el paso del tiempo, es natural.
Según el padre Roberto Pazmiño, quien ha seguido el caso y vio sus restos por última vez en 1983 para su beatificación, la condición de incorruptibilidad “es un don que Dios concede a sus siervos como signo de complacencia por su vida que servirá de ejemplo para los cristianos. Fueron prodigios que Dios permitió. Yo la he visto sin mascarilla, y está dormida con sus ojos cerrados. No despierta miedo, sino admiración”.
El médico y diácono permanente de la parroquia Corazón de Jesús en Guayaquil, Ángel Caicedo, participó como perito en la comisión que en 1983 examinó el cadáver de Narcisa. En su descripción indica que “están todos sus huesos, su piel está seca y se observa parte de su dentadura y pelo. Todo, sin haber recibido algún tratamiento químico”.
“Yo doy testimonio de lo que he visto, oído y palpado, porque pocos seres humanos la han tocado como yo, sin su ropa sagrada”, afirma Caicedo al recordar el día que, a puerta cerrada, trabajó para recoger los restos que, con la canonización de Narcisa, servirán de reliquia para ser distribuidas al mundo.
Para Caicedo, este es un fenómeno inexplicable, pues de acuerdo a los relatos de la época, el cuerpo de Narcisa debió soportar condiciones extremas, como el clima húmedo de Lima, que era el menos adecuado para su preservación.
Se narra que en 1914 se dio la orden de exhumar todos los cadáveres que estaban en los conventos de la capital peruana, para colocarlos en una fosa común. Los empleados encargados de este trabajo se negaron a tocar el cuerpo de Narcisa luego de verlo, porque no estaba destruido como los otros.
Para la ciencia tampoco existe una explicación. El médico forense Juan Montenegro señala, en términos generales, que depende de varios factores el hecho de que un cuerpo pueda perdurar a través de los años. Uno de ellos es la causa de la muerte. Si es natural, asegura, se conservará por más tiempo. Lo mismo sucedería si ha permanecido en un lugar herméticamente cerrado.
“Todo cuerpo tiende a sufrir alteraciones una vez que cesan las funciones vitales. Si termina la vida viene la etapa de destrucción. Esas son leyes naturales”, afirma Montenegro.
Para los fieles que acuden a Nobol y ponen su fe en Narcisa es suficiente lo que sus ojos pueden ver a través de la urna: un vestido y una mascarilla que le fue colocada en 1956, para protegerla de la exposición al ambiente, como lo señala el padre Pazmiño.
En eso coincide Pedro Flores, quien permanece todos los días junto a la entrada de la iglesia en Nobol y observa la visita de personas de diferentes lugares que desean ver a Narcisa aunque sea unos pocos minutos. “Su cuerpo es el verdadero, todos creemos en ella”, asegura Flores. Su expresión se ha vuelto común entre quienes, sin cuestionar, creen en los milagros de la santa de Nobol.