Sensualidad y elegancia al bailar y cantar fue la mezcla perfecta que permitió a la audiencia acercarse a la cultura popular argentina.
Cerca de 700 personas se dieron cita la noche del pasado sábado en el Centro de Convenciones Simón Bolívar para apreciar por primera vez en la ciudad el espectáculo de tango argentino denominado La esquina Homero Manzi.
Este nació en el bar del mismo nombre en 1927, en la esquina de San Juan y Boedo de Buenos Aires, considerado un lugar histórico y tradicional de la capital argentina por su baile y canto, que lo convirtieron, además, en el símbolo de la cultura urbana de los años cuarenta.
Trece personas en escena hicieron delirar al público con un derroche de sensualidad, elegancia y erotismo mostrado en cada paso de baile que tres parejas ejecutaron al son de los poemas argentinos convertidos en canciones e interpretados en vivo por Claudia Panonne y Jorge de Brun, acompañados de un quinteto musical formado por un pianista, contrabajista, guitarrista, violinista y bandoneonista.
Con vestuario elegante y sensual las parejas de baile hicieron su presentación en trío e individual. La excelente técnica y el gran despliegue de pasos sencillos y complejos del tango, acompañados del sentimiento y pasión que los músicos mostraron al tocar los instrumentos, hicieron suspirar a los asistentes, de distintas edades, quienes apreciaron el show abrazados o recostados en el hombro de su acompañante.
Al término de cada presentación no faltaron los aplausos y las expresiones ¡excelente!, ¡bravo!, ¡fabuloso! Incluso, algunos aplaudían de pie para agradecer la obra expuesta. Además de las vibrantes voces de los cantantes, los músicos hicieron lo suyo, con solos y repertorios en conjunto. El contrabajista hasta temblaba al hacer sonar su voluminoso instrumento de viento, que a ratos lo transformaba en tambor.
Ritmos suaves, lentos, rápidos, pero armónicos mostraron la gran calidad escénica del espectáculo argentino, que transportó a los asistentes con su danza a los bares gauchos.
Algunos presentes entonaban, también, parte de las letras de las canciones como el tema Moriré en Buenos, del uruguayo Horacio Ferrer. “Moriré en Buenos, será de madrugada/ guardaré mansamente las cosas de vivir/ mi pequeña poesía de adioses y de balas/ mi tabaco, mi tango, mi puñado de esplín”, decían.
El show, que tuvo dos pantallas gigantes a los costados del escenario, duró cerca de una hora y cuarenta minutos. “Qué clase y técnica. Fue un espectáculo maravilloso, a diferencia de otros a los que he asistido”, dijo Mercedes Mateus, quien acudió con su madre. “Brillante. Lo único que debió ser en un teatro con piso a desnivel, para que quienes estábamos al final apreciáramos mejor la obra”, comentó Lidia de Solórzano.