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LUNES | 6 de octubre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
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Evocación de la fiducia
Hago un recorrido retrospectivo de cómo se inició la Bolsa de Valores en esta ciudad, ya que fui parte activa en este proceso evolutivo.
La Bolsa de Valores de Guayaquil, para que funcionara en un estado moderno de bienes y valores, tenía que contar con un instituto apropiado para el corretaje de estos bienes. La historia está clara cuando se intentó en el pasado funcionar de alguna manera con capitales de ahorro que pocas empresas no tenían para ser protagonistas, porque eran mínimos los capitales de valores que se buscaban en otros países. En enero de 1969, por iniciativa de la Comisión de Valores Corporación Financiera Nacional, como se llamaba en esa época, se promovió la apertura de dos Bolsas: la primera se la realizó en Quito y después de quince días se ingresó en Guayaquil, en la que participé como fundador y agente corredor con otros elementos que ya conocían la evolución primaria de las cédulas hipotecarias, bonos del Estado certificado, tributarios, notas y títulos de avales bancarios.

Con el tiempo se incrementó la demanda de corretaje en la Bolsa de Valores de esta ciudad, donde yo, con algunos años menor en la experiencia, lo hacía alternando con un grupo de viejos corredores de la fiducia, y pude aprender y llevar el mensaje a la Bolsa de Valores de Guayaquil entre mis grandes maestros que datan de más de 45 años: Segundo Biaggi, Antonio Seminario, Santiago Porter A., Luis Porter A., Luis Lombeida, Emilio Pereira, Honorato Chiriboga, y en Quito, agentes como Plutarco Paz y M. M. Jaramillo Arteaga, este último fue un gran proveedor con bonos del Estado, bonos de estabilización monetaria y cédulas hipotecarias del banco de localidad. A ellos no puedo excluirlos de mi mente ni de mi gratitud, ya que en tiempos pasados no había egoísmo cuando se trataba de negocios grandes; primaba la caballerosidad de la palabra. Ejemplo, si alguna empresa tenía que pagar una deuda hipotecaria de valores considerables entre miembros de este gremio, solíamos trabajar en conjunto buscando en el mercado la cédula adecuada para hacer el paquete necesario para que este cliente sacara, si no la totalidad, por lo menos un porcentaje alto de la deuda.

Roberto Sicles Riera,
Guayaquil
Prevenir desastres

Pensando en que cada diez años las pérdidas por inundaciones en la cuenca del Guayas son de unos $ 1.000 millones, podríamos decir que los daños son de $ 100 millones anuales. 

Sugiero un programa de prevención continuo durante diez años. Se podría hacer probablemente con la cuarta parte de lo que se dañaría, esto es con unos $ 25 millones anuales. Igual se puede pensar con otras zonas del país como el Tungurahua.

Winston Rumbea N.,
ingeniero, Guayaquil

Ojalá, con los cambios tan anhelados y esperados para el bienestar de todo el país, se haya pensado en leyes que tengan que ver con el enfrentamiento de desastres de gran envergadura, como los producidos por la naturaleza, y que se desarrollen planes estatales con todo el soporte logístico, técnico, científico, humano, social y económico para, en algunos prevenirlos y, en otros, enfrentarlos.

Me refiero a terremotos, erupciones volcánicas, incendios forestales, deslaves o derrumbes, lluvias de invierno, inundaciones, y especialmente al fenómeno  El Niño que cada año se deja sentir con sus tristes resultados. No podemos continuar como hasta ahora en espera de que se presente El Niño para recién ver qué hacer.

Enrique Anselmo Pacheco,
Daule

Parqueo en la calle Colón
Hasta hace poco tiempo la calle Colón de Guayaquil, a lo largo de la cual existen muchos negocios, era de una sola vía para el tráfico vehicular en sentido oeste-este, y los conductores podían parquear sus carros a un costado de la vía.

Hoy, la cosa es diferente: el sentido de esa calle es inverso y no se permite el parqueo.

Hay quienes se detienen por escasos minutos para realizar alguna transacción, tiempo suficiente para que venga una grúa de la CTG (Comisión de Tránsito del Guayas) y enganche el vehículo sin que sirva alguna posible explicación que se les dé a los oficiales. Estos actúan, muchas veces, en forma grotesca y sin ningún reparo ni cortesía hacia el público.

¿Será que esto no ha sido reglamentado hasta la fecha? ¿No podría haber una diferencia en el trato a un vehículo abandonado, por así decirlo, y a uno cuyo dueño está a pocos pasos del mismo e intenta arrancar?

En el tramo comprendido desde la avenida Machala hacia abajo, el problema se agudiza, pues al tener que parquear en calles aledañas, sufrimos constantes robos. Sin embargo, hay veredas muy anchas que podrían servir para parqueaderos tipo “lanzadera”, del mismo modo que se ha hecho en calles aledañas. Me permito hacer un cordial llamado a nuestro querido alcalde, abogado Jaime Nebot, para que nos ayude a buscar una solución a los problemas planteados.

Rafael Reyes M.,
Guayaquil
El peligro real de las inundaciones
Leí por la prensa que se aproxima el fenómeno El Niño, anticipado con sus ya muy conocidas secuelas de destrucción de cultivos, de viviendas, dolor, miseria, impotencia, y más.

También, entre la propaganda del Gobierno, apareció toda una página de lo que él mismo y Cedegé (Comisión de Estudios para el Desarrollo de la Cuenca del río Guayas) están haciendo, pero lo que llamó mi atención fue que solo eran fotos de maquinarias haciendo movimientos de tierra, pero no había una sola indicación del lugar correspondiente a cada foto.
Mi preocupación es: ¿será que alguna de esas fotos corresponde a los trabajos que se necesitan, desde hace décadas, para evitar que año tras año el río Bulu Bulu se salga de su cauce y arrase con todo a su paso? Difícil saberlo.

Yo mantengo una relación de amor-odio con el Bulu Bulu; se remonta a mi lejana infancia cuando en los veranos el río bajaba su caudal y nos permitía retozar en sus  frescas aguas.

Hace más de 50 años mi padre hizo acopio de todo lo que teníamos y compró una finca bananera (era el  boom  del banano) y todo iba bien, hasta que el río se salió de su cauce, partió en dos la finca, destruyó los sembríos y nos dejó en la ruina. Fueron tiempos muy duros. Y cada año, al conocer del desborde de sus aguas, me invade un dolor inmenso porque ha pasado medio siglo y lo que se ha hecho es muy poco para remediar este problema.

Tal vez yo alcance a ver la solución y se cierre la herida; tal vez el bramido del Bulu Bulu se oiga, pero no destruyendo sino alimentando lo que está en sus orillas, como lo he soñado tantos años. ¡Tal vez!

Dolores Torres de Nogales,
trabajadora social, Guayaquil
Agua y enfermedades


Las enfermedades gastrointestinales de origen hídrico que se registran en la población infantil de la ciudad de Manta y otros cantones de la provincia de Manabí no son un caso único o aislado, al estimar que esta grave situación sanitaria se produce y producirá en las diferentes poblaciones de nuestro Litoral ecuatoriano, sin que las autoridades correspondientes vigilen estos procesos y brinden garantía a sus colectividades. La contaminación del líquido se puede producir en cualquier planta de tratamiento cuando los procesos de descontaminación del agua cruda, por potabilizarse, no se hacen en forma permanente durante las veinticuatro horas del día, para abastecer a las poblaciones en crecimiento.

Entre los procesos de descontaminación se deben ejecutar, por ejemplo, la desinfección (cloración), que tiene por objeto eliminar toda clase de microorganismos patógenos al hombre; la clarificación, con el uso de sulfato de aluminio; la coagulación, floculación, sedimentación de todas las impurezas físico-químicas y microbiológicas del agua; y como complemento final a la purificación del líquido antes de egresar se debe realizar la adición poscloración y poscal, para que el agua arribe en las mejores condiciones sanitarias a las guías domiciliarias.
Los procesos de potabilización del agua deben ser diseñados y ejecutados solo por químicos farmacéuticos de laboratorios, porque conocen la estructura de la materia y están en capacidad de realizar controles de calidad en plantas y redes de distribución de una colectividad.  El término “agua potable contaminada” no corresponde a toda la red del sistema de distribución de una ciudad.

Se tiene que entender que debe ser un sector de la red donde se pueden producir mezclas de aguas servidas por roturas de estas y por la intrusión a la red de agua; en tales condiciones, es de vital importancia la presencia del químico-laboratorista para detectar el sitio exacto de la contaminación y hacer las debidas correcciones para bienestar de las colectividades.

Aurelio Mosquera Cedeño,
doctor, químico analista de aguas, Guayaquil

 

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