Una de las tareas que esperan al Congresillo es la elaboración de una nueva Ley de Soberanía Alimentaria, que ponga en vigencia el capítulo 3 del título VI de la Constitución. En sus dos artículos se establecen las obligaciones del Estado respecto a lo alimentario y al manejo y acceso a la tierra y al agua de irrigación. Una idea que está estrechamente vinculada a ello es que las pequeñas y medianas unidades de producción, comunitarias y de la economía social y solidaria deben ser priorizadas por las políticas públicas para generar la producción de alimentos. Para ello el Estado debe proveerles de tierras, agua de riego, crédito, investigación y generación de tecnología, sistemas justos de comercialización, protección arancelaria, entre otros.
¿Qué son, sin embargo, las pequeñas y medianas unidades de producción? La idea general que tenemos es que son aquellas con menos de 10 hectáreas, con limitado acceso a asistencia técnica y crédito, en muchos casos, haciendo parte de comunidades, donde se combina la producción individual y comunal y que se especializan en producción de alimentos. De acuerdo con el último censo agropecuario, ellas disponen de alrededor del 15% de la tierra. Por el contrario, las unidades mayores tendrían a su disposición el 85% de la tierra y se especializan en productos de exportación.
Recientemente, la FAO y el BID publicaron un estudio sobre Políticas para la agricultura familiar en América Latina y el Caribe (2007), que trata de establecer con precisión el peso de este tipo de unidades. La agricultura familiar es aquella que trabaja la tierra con finalidad agropecuaria y con el concurso de los miembros de la familia, contratando en menor proporción o solo eventualmente trabajadores asalariados. Tienen también reducido acceso a tierra, educación, tecnología y capital financiero. El tamaño de la finca es un indicador relativo: una plantación de flores de una hectárea y otra de arroz no pueden ponerse en el mismo cajón clasificatorio.
De acuerdo con el estudio citado, en el Ecuador estas unidades constituyen unas 740 mil, el 88% del total; contribuyen en el 45% a la producción sectorial agropecuaria, tienen en promedio 7 hectáreas, son responsables de una proporción importante de algunos alimentos: 64% de las papas, 85% de las cebollas, 70% del maíz amarillo y el 83% de la carne de ovino. También son importantes en la producción exportable en rubros como café y cacao, de acuerdo con mis propios estudios.
Hay, sin embargo, producciones alimenticias que son responsabilidad de la agricultura industrial o empresarial, tal el caso del azúcar y los aceites y de proporciones importantes de leche, carne y arroz. Claro, una proporción importante de la producción exportable de banano, palma aceitera, flores y brócoli se genera en este tipo de unidades.
La agricultura familiar no es tampoco un segmento homogéneo de acuerdo a este y muchos estudios. Puede distinguirse un segmento de subsistencia, uno consolidado y otro en transición entre lo primero y lo segundo. Las diferencias están dadas por acceso a tierra, educación media del jefe o jefa del hogar, acceso a financiamiento y asistencia técnica, importancia de ingresos no agropecuarios. Lo que impresiona del caso ecuatoriano es el peso reducido del segmento consolidado de la agricultura familiar, apenas 1% del total.
Dos conclusiones de esta reflexión: a) la producción alimentaria la comparten las unidades familiares y empresariales y b) hay una enorme potencialidad en la agricultura familiar que con políticas adecuadas pudiesen desarrollarse.