En el fútbol cuentan los goles; en democracia cuentan los votos; en la autenticidad del uno y de la otra cuentan los valores humanos.
Los obispos, encargados de orientar a la comunidad cristiana que llamamos Iglesia, invitamos a defender valores humanos.
Esa parte de la Iglesia que son los obispos elevaron el tono de voz para que se oiga lo que siempre han proclamado.
En la hoja difundida por la Conferencia Episcopal no invitaron a votar Sí o No; invitaron a conocer el proyecto y a decidir consciente y libremente. El texto de la nueva Constitución contiene algunas afirmaciones contrapuestas y obscuras en relación con valores humanos irrenunciables.
Sin embargo, como heraldos de Cristo que propone, pero no impone, escribimos claramente: infórmense y decidan en conciencia.
Los políticos partidistas, calculando riesgos personales, no presentaron alternativas renovadoras. Hubo voces que no llegaron a formar un coro nacional.
Por el casi vacío de políticos partidistas en el escenario, la voz de los obispos se oyó como voz opositora al cambio y como acción política partidista.
¡Los obispos preveían el triunfo del Sí! ¿Por qué? Principalmente porque sus defensores afirmaron repetidamente que el proyecto de Constitución sí respeta la persona humana, la vida, la familia, el matrimonio, la libertad religiosa, la justicia social. Callaron la libertad educativa. Los que afirmábamos ambigüedad en el proyecto fuimos ofendidos como “mentirosos”. ¡Valió la pena! Sin el cuestionamiento episcopal no se hubieran comprometido con esta interpretación.
Si los defensores del proyecto no hubieran afirmado repetidamente que el proyecto respetaba estos valores, el Sí hubiera sido mucho menor.
Otra motivación del Sí fue la ilusión de cambio hacia una mejor distribución de los bienes; bienes, ojo, no del Estado, sino de todos los ecuatorianos. La fuerza mayor del Sí fue la personalidad del Presidente, robustecida con promesas y dones públicos a un pueblo pobre.
A los que no vimos en la Constitución respeto a los citados valores nos alegra que, especialmente nuestro Presidente, vea y afirme internacionalmente este respeto, también, después del referéndum, en entrevista a CNN.
¡Nos afirman que están a salvo los valores humanos! El sufrimiento causado por las vejaciones y por el esfuerzo poco logrado en dividirnos es hoy causa de alegría; pues los autores significativos de la Constitución se comprometen con su reiterada y pública afirmación a respetar en leyes secundarias esos valores. Falta igual afirmación respecto a la irrenunciable libertad educativa, especialmente sobre la educación particular.
El artículo 29 niega libertad de cátedra en la educación básica y bachillerato. El artículo 11 rechaza discriminaciones y reconoce la igualdad de ciudadanos ante la ley, pero el artículo 348 discrimina pues, según él, no se dará, ni en calidad de ayuda, a la educación particular su parte correspondiente. La negación de “ayuda” antes dada a la educación particular gratuita y semigratuita, unida a la creación de nuevos servicios y a la inclusión en el escalafón fiscal, tienden a suprimir la educación particular para los pobres. Seguiremos luchando para que la Constitución “sea de todos”.