En los últimos meses, entre los actores sociales peor calificados están los dirigentes empresariales, tanto aquellos que representan a las cámaras generales como los de los gremios especializados. No pudieron demostrar que existe una clase empresarial con una visión de país, con un proyecto, con una convicción. Hubo, sí, dirigentes aislados que trataron de hacer oír su voz en medio de la marejada de la propaganda oficialista, pero sus exhortaciones solitarias y desarticuladas estuvieron lejos de constituir ni siquiera una táctica, mucho menos una estrategia.
Por otra parte, dentro del sector hubo muchos “hombres de negocios” que se subieron alegremente a la camioneta triunfadora. “La patria ya es de todos, pero más es de nosotros”.
Bueno, miremos hacia delante, justamente porque el horizonte está negro. George Orwell enunció la que se llama “regla de oro de la información” y dice: “El que domina el presente, domina el pasado; el que domina el pasado, domina el futuro”. En este “dominio del pasado” es de fundamental importancia el manejo de las estadísticas económicas. Ya hemos visto lo que pasó en Argentina. El gobierno de Néstor Kirchner le metió mano al Indec, el instituto que en ese país mide la inflación y otros indicadores, encargando a uno de sus más brutales colaboradores que fuerce a los funcionarios de ese ente a producir cifras a gusto del régimen.
La manipulación de estos números es políticamente poco ética, pero además en lo económico puede tener graves efectos, puesto que los empresarios (los que sí son tales) y otros actores económicos no pueden planificar y actuar si no cuentan con información fidedigna. El partir de estadísticas alteradas es tan grave como que a un aviador se le entregue una carta con las distancias distintas a las de la realidad. El tema trasciende lo puramente político, ¿cómo se pueden hacer, por ejemplo, estudios de mercado, si no se dispone de una información fiable de los macroescenarios?
Por aquí ya hemos oído que no debemos hacer estadísticas a gusto del FMI, que las cifras deben ser libres y soberanas… y otras frasecitas que evidentemente preludian que se harán calzar los números con los deseos de arriba. Por lo pronto, las últimas cifras oficiales del crecimiento de la economía a todo el mundo le parecen care’pescado.
Entonces es urgente que las organizaciones empresariales, las universidades todavía autónomas y otras entidades interesadas en conocer la verdad en este campo constituyan una institución independiente que se dedique a elaborar estos índices y hacer otras investigaciones sociales y económicas. La información así generada podrá ser usada con confianza por todos los actores privados y, ¿por qué no?, estatales.
La implementación de esta propuesta requiere de un esfuerzo coherente, racional y, sobre todo, generoso de todos los interesados.
Pero los últimos acontecimientos me hacen desconfiar de la posibilidad de lograr acuerdos sólidos. Me atrevo a pensar que, con las notables excepciones, los llamados a asumir las tareas que impone la situación no están a la altura del momento histórico. Triste consuelo será encontrarlos llorando en la vereda cuando los bajen a patadas de la camioneta.