- OCT. 06, 2008 - Foto - Noticias - EL UNIVERSO
Que la televisión expone la vida privada de quienes se presten para ello no es una novedad, lo que indiscutiblemente sigue sorprendiendo es que el morbo humano llegue a niveles tan inadmisibles que seguir realities como ‘The Bachelor’ (Warner Channel), y que sus infinitas versiones se hayan convertido en la oportunidad de masificar esta intención de exposición de cuento de hadas con final seudofeliz.
Que el primer beso de una chica o que la declaración de amor o la pedida de matrimonio del codiciado soltero llegue de la manera más pública es, hasta cierto punto, un aspecto que refleja la necesidad de ser mirados, de publicar los sentimientos; y hasta ahí puede ser una opción muy válida. ¡Voyeurismo al más alto nivel! Pero que se pretenda hacer pensar al espectador que puede darse un romanticismo real frente a una cámara que persigue todo el día y la noche a los nerviosos participantes, ya es, a mi juicio, una suerte de insulto al televidente.
Claro que el premio de un viaje a Aruba puede hacerles decir a algunos cualquier cosa. Pero este contrato explícito que se celebra, con cada vez mayor ligereza, entre el mundo televisivo y el televidente bajo la premisa de “te vamos a contar mentiras y las creerás”, se disocia del tradicional esquema de que el amor necesita privacidad para desarrollarse. Nada nuevo bajo el sol, pero muchos cuestionamientos sobre el tapete. En aras de la originalidad se teje muy fino.