Padres de joven que falleció por impericia médica ganaron una demanda, pero aún lloran de impotencia.
En la casa de los esposos Bismark Albán y Carmen Cornejo, su hija Laura sigue viva. Dos décadas después de que murió en el hospital Metropolitano, de Quito, por una supuesta impericia médica, los retratos colgados en las paredes y los recuerdos de la joven, que quería ser socióloga, lo hacen parecer.
En el corazón de ambos también está latente el dolor y la impotencia porque –dicen– no se sancionó a los médicos, Fabián Espinoza y Ramiro Montenegro, denunciados por no asistir a tiempo a la joven que había sido internada con meningitis bacteriana y que falleció el 18 de diciembre de 1987.
Para ellos, 20 años después “se ha hecho justicia”. El 22 de noviembre del 2007 la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) resolvió a favor de ambos una demanda contra el Estado ecuatoriano “por no garantizar el proceso judicial” en este caso.
La sentencia llegó desde Washington, confirmando lo que los Albán Cornejo habían padecido durante 20 años. “Sentimos en nuestra carne cómo la justicia se burló de la muerte de nuestra hija”, se lamentan.
Hoy, en la memoria de la madre, que tiene 75 años, desfilan las imágenes de aquel horror ocurrido el 17 de diciembre de 1987. Cuatro días antes de esa tragedia la joven fue internada, a los 21 años, con “un tipo grave de gripe causado por un estafilococo”, cuenta Carmen.
Ese día 17, sus padres la cuidaban. En su presencia, Laura preguntó al médico tratante, Ramiro Montenegro, si sería dada de alta antes de la Navidad. Anhelaba pasar con su familia y el doctor le dio esperanzas.
Ilusionada, la joven tomó el teléfono de la habitación y llamó a sus cuatro hermanos. Les dio la buena nueva y les pidió de favor que al día siguiente le llevaran su maquillaje, pues sus compañeros de la escuela de Sociología de la Universidad Católica la iban a visitar.
Eso jamás se dio. A las 21:00, recuerda la madre, a Laura la invadió un fuerte dolor de cabeza, síntoma normal de la meningitis. Enseguida sus padres avisaron a las enfermeras. Ellas consultaron al médico residente.
“Era uno que nunca habíamos visto”, comenta la madre; y agrega que enseguida este (un residente) les dijo que hablaría con el doctor Montenegro para que indique qué ponerle.
Minutos después, a Laura le aplicaron una inyección. Entonces, comenzó su agonía. Dicen que se quejaba mucho y con insistencia repetía: “Me duele el pecho, mami, es el corazón”.
Enseguida, dicen sus padres, gritaron en busca de un médico, pero no hallaron ninguno. Luego –cuenta Carmen– “supimos que estaban en un agasajo navideño en el octavo piso”, mientras Laura desfallecía. La agonía terminó en la madrugada del día 18. En ese instante la tierra y el infierno se unieron para los Albán Cornejo que perdían a la segunda de sus cinco hijos.
Carmen Cornejo
MADRE DE LAURA
“Después de 20 años de lucha, esperando alcanzar justicia, lo único que sigue imperando es la impunidad”.