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Edición del DOMINGO 5 de Octubre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Tierra de los descubrimientos, la portuguesa Lisboa
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Joshua Dégel en el Monumento a los Descubrimientos, en la capital de Portugal, obra que celebra a los marineros portugueses que conquistaron nuevos territorios.
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Es la capital de la tranquilidad, la paz y el sosiego. Perfecta para recorrer a pie. Especialmente su casco histórico, el cual ha sido restaurado para beneplácito de los turistas.

Así lo describe el fotógrafo guayaquileño Joshua Dégel Andrade, de madre guayaca y padre nativo de Bélgica, por lo que siente una profunda afición por el Viejo Continente.

Joshua permaneció de febrero a mayo en la península ibérica tomando un curso avanzado de retoque digital. En uno de esos fines de semana que aprovechaba para conocer lo que más pudiera llegó al barrio Belém, en el casco histórico de Lisboa, un sitio emblemático de la ciudad por su historia y belleza, ya que desde su puerto partían las carabelas para conquistar nuevos territorios.

En Belém encontramos dos de los monumentos más importantes de la urbe: el Monasterio de los Jerónimos de Santa María de Belém, encargado por el rey Manuel I de Portugal (1515-1520) para conmemorar el regreso desde la India de Vasco de Gama, y que en un tiempo estuvo a cargo de la orden religiosa de San Jerónimo, y la torre de Belém, que en el pasado sirvió como centro de recaudación de impuestos, además de que funcionaba como fuerte para repeler la llegada de piratas.

Ambas construcciones simbolizan la era de las exploraciones portuguesas, al igual que el Monumento a los Descubrimientos, también en el barrio de Belém y a orillas del río del mismo nombre. Esta construcción de 52 metros de altura fue levantada en 1960 para conmemorar los 500 años de la muerte de Henrique el Navegante, rey de Portugal entre 1578 y 1580.

“Allí se observa la gran importancia que le brinda Portugal al proceso de conquista que mantuvo en el mundo”, dice Joshua.

Él también sintió ese ambiente al recorrer la Plaza del Comercio, en el terreno donde se asentaba el Palacio Real antes del terremoto de Lisboa (1755). “Por eso Lisboa no tiene muchos edificios antiguos”, concluye este fotógrafo de 33 años muy conocido en el área publicitaria y de eventos sociales.


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