Sano envejecimiento
El título de esta nota equivale a decir envejecimiento sano, cosa que para la sociedad es casi un sueño imposible, pero una realidad digna de alcanzar. Y es que la salud no radica únicamente en la ausencia de enfermedad, pues, según un tratadista, sano es aquel que se encuentra en armonía consigo mismo, en equilibrio con el ambiente y contribuye activamente al desarrollo de su colectividad. Desde ese punto de vista, muchos de los lectores no podrían sentirse orgullosos de su estado.
Más allá de las bromas y de la seriedad de las sentencias de los expertos en el tema, el axioma mencionado calza perfectamente en la tercera edad, porque nunca como ese momento de la existencia para cumplir con esa especie de regla de oro para declinar armónicamente.
El arribar a la sexta década con una serie de potencialidades debe ser visto como una meta alcanzable y parte de un proceso que, iniciado al nacer, no se interrumpe sino que culmina con el último respiro. Lamentablemente la vida no es apreciada como una constante, por no decir eterna, transformación, en la que la vejez es una simple fase que, por añadidura, trae unas características propias y exclusivas como las otras fases que se dejaron atrás.
Sentirse bien pasada la raya de los sesenta es una tarea que se programa con antelación. Y aunque parezca mentira, existen estudios que demuestran que quienes nunca pensaron cómo querían que fuera su futuro, le atribuían a esta etapa vital todas las desgracias, concluyendo que envejecer era un verbo no conjugable y una terrible enfermedad.
De esos errores individuales nacen los prejuicios colectivos que hermanan injustificablemente al declinar con la patología, sin reconocer la gama de detalles que aseguran la permanencia sobre la faz de la tierra aun después de los cien.
Fuente: Dr. Aldo Guevara D’Aniello, Geriatra y gerontólogo. Telf.: 253-1558.
E-mail: alguedan@hotmail.com
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