Domingo 05 de octubre del 2008 Política

Un No con peso urbano y un Sí rural decidió Guayaquil

POR MARÍA ALEJANDRA TORRES

El No ganó en 13 de las 16 parroquias urbanas, pero el Sí obtuvo respaldo en todas  las  rurales.  

Rosenda Rodríguez no se siente de Guayaquil. Ese Guayaquil le huele a adoquines de regeneración,  a pregones de octubre y a guardias municipales. De eso no conoce mucho. Solo lo que alcanza a ver cuando toma un bus para, dos horas y media después, llegar a esa ciudad que lleva el nombre del cantón donde siempre ha vivido. Aunque  no esté muy consciente de aquello.

Rosenda  reside en Tenguel, una de las cinco parroquias rurales de Guayaquil,  pero los únicos olores que  por ahora  le son cercanos son los del jabón y el cloro que utiliza para lavar las fundas que cubren  el  banano de la hacienda para la que  trabaja. Sin contrato fijo. Sin beneficios.

Aquí,  150 kilómetros al sur de esa ciudad ¬su ciudad¬  donde se impuso el No en el referéndum, aunque con  un estrecho margen (el 46,97% frente al 45,68%), el Sí barrió  de largo: el 70,74%, la votación  más alta que obtuvo  la   Constitución entre las 21  parroquias de Guayaquil.

Cuenta que votó por el Sí porque el presidente Rafael Correa “es bueno”. Dice que por él  recibe el Bono de Desarrollo y ya no paga por   las matrículas de sus hijos. “El otro, en cambio, siempre dice que ‘si es con Guayaquil es conmigo’, pero parece que cuando  es con Tenguel no es con Guayaquil. La última vez que fui para allá fue en noviembre, y eso porque mi hijo se rompió la pierna y aquí no hubo  quién lo atienda”, menciona.    

El Sí ganó en ocho de las 21   parroquias, pero  el No, en la suma total,   obtuvo el triunfo local al imponerse en trece. La nueva   Constitución, sin embargo, logró mayoría  en todas las parroquias rurales: Tenguel, Progreso, El Morro, Posorja y Puná.

En el área urbana, en cambio, el Sí ganó en la Febres Cordero,  bastión que  lideraba el PRE y el PSC;  Chongón,  que en 1991 se incorporó, por ordenanza, al perímetro urbano como parte de  Tarqui, pero que el Tribunal Supremo Electoral cuenta como parroquia independiente; y  Pascuales,  que se “independizó” de   Tarqui  hace  15 días.

Pero si apenas entre el 7% y  21% de la población leyó la Constitución, según las  encuestas que  Cedatos e Informe Confidencial efectuaron la semana pasada, antes del referéndum, ¿qué pesó a la hora de decidirse por el Sí o el No en Guayaquil?

Los argumentos ¬con diferentes ritmos y matices¬ tienen tres  constantes en las áreas rurales: que quieren “ver” si obtienen beneficios, que el Gobierno tiene “mejores” ofertas y  bonos, y que, hasta por la inevitable distancia, sienten que el Municipio no   llega con sus  obras como lo hace en  zonas urbanas. 

Tenguel es una muestra. Está más cerca de Azuay o de El Oro. La distancia es tal que  Vachagnon, por ejemplo, dejó de recoger la basura el año pasado, y desde entonces la tarea la asumió  el Municipio de El Guabo  en convenio con el de Guayaquil. Y mientras el Cabildo  tiene una oficina del Registro Civil, el Gobierno abrió una tenencia política donde diariamente se reciben carpetas para acceder a  los bonos de desarrollo y vivienda o  iniciar los  trámites para obtener un préstamo.

Pero el discurso de Rosenda también se repite en las parroquias urbanas, solo que cambia de “benefactor”. En Ayacucho, por ejemplo, ganó el No con el 55,82%, la cifra  de rechazo más alta que obtuvo la   nueva Constitución entre las 21  parroquias.

Aquí, según Carlos Escobar, dueño de un taller mecánico en la calle Seis de Marzo, pesó la obra del alcalde Jaime Nebot y el discurso del “guayaquileñismo”. Su hijo enseguida confirma sus palabras y añade: “La ciudad está bonita, al nivel de otros países, y si Nebot se vuelve a presentar como candidato, volveremos a votar por él”.

Jenny Icaza tiene una postura muy diferente. Vive en el sector de La Playita,  símbolo de la regeneración  en el Guasmo sur, donde el No ganó por un escaso margen:    46,63% frente al 45,87%. “El Alcalde me manda a pintar la fachada cada seis meses, nos empasta  las paredes y, como ve, todo  está bonito, pero  voté por el Sí para ver si  cumplen  lo que nos han ofrecido y si se presenta de nuevo Nebot, también vuelvo a votar por él”.

Quien jura no hacerlo más es Mariana Torres. No exhibe  ni una foto de sus familiares en su vivienda, pero la de Correa se repite en la puerta, en las paredes de la sala, en el piso... Cómo no hacerlo, explica, si con un bono del Gobierno está ampliando  su casa, en la parroquia Posorja, donde el Sí obtuvo el 53,17%. “Pero no soy solo yo. Vea, allá hay un presidente, ahí hay otro, al frente otro”, dice  mientras señala las fotos de Correa que sus vecinos también    han pegado en sus fachadas.
  Torres, como presidenta de la cooperativa Ocho de Julio,  tramitó en la tenencia política de su parroquia bonos de la vivienda para 32 familias: 15 para mejoras y 17 para construcción.

“Por eso estamos agradecidos con el Presidente. Al cierre de campaña, en Guayaquil, le mandamos  una delegación a apoyarlo. Por eso 
siempre les  digo: yo presto hasta mi marido, pero a mi Presidente no”. 

En Posorja el Gobierno  ha entregado 150 bonos de la vivienda, y en  todo Guayaquil, 7.240. El de desarrollo –que Correa ofreció subir  a $ 60– llega a  100 mil personas, según  la Subsecretaría de Bienestar Social. 

El presupuesto que el  Municipio  armó para el 2008 llega a     $ 477’478.000;  el 88,61% se emplea en obras y servicios públicos. La mayor parte se concentra en la  zona  urbana y, según  estimaciones de  dirigentes y autoridades parroquiales, menos del 10% se destina a la rural.

Pero Roberto  Vernimenn, de la Dirección de Acción Social y Educación del Municipio, defiende otra visión: “De ese  monto, destinado a obras y servicios, el 80% llega a  sectores populares o de interés común. El programa  Más Libros, por ejemplo, atiende a 300 mil niños, y Aprendamos, a 1 millón 200 mil”.  
      
Marianela Loor asegura ser una de las beneficiadas. Votó por el No y enumera las que considera razones “de peso”: la fachada de su  casa,  en Venezuela y José de Antepara, siempre está pintada; su  familia del cerro Santa Ana vive más tranquila desde que llegó la regeneración; y su hija   ha recibido tres cursos de computación gratis.

“Basta con ver todas las obras del Alcalde. Él dijo que si ganaba el Sí no se presentaba a la reelección y yo siempre he votado por él”, comenta. Su opción ganó en la parroquia donde reside, la García Moreno, donde el No obtuvo el 53,52%.

Pero  quienes, como Marianela,  vieron en el referéndum  una “partida” entre Correa y Nebot,  presenciaron el triunfo del No   con un ligero sabor a empate. La ventaja no fue  abrumadora: apenas 14 mil electores. La postura del Alcalde obtuvo  524 mil  adeptos  y la del Mandatario 510 mil, en una ciudad que votó motivada ¬más que por los contenidos de la  Constitución¬  por sus ilusiones, miedos y obras.

Cifras

13
Por el No.
El No triunfó en las parroquias urbanas de  Ayacucho, Nueve de Octubre,  Bolívar, Carbo-Concepción, García Moreno, Letamendi, Olmedo, Roca, Rocafuerte,  Sucre, Tarqui, Urdaneta y Ximena.

8
Por el Sí.
El Sí ganó en cinco parroquias rurales:  Tenguel, Progreso, El Morro, Posorja y Puná; y tres urbanas: Febres Cordero,  Chongón y  Pascuales.

17
Por ciento.
Con 1’178.336 sufragantes, Guayaquil representa más del 17% del total de electores que votaron en todo el país (6’769.387).

80.390
Votos.
El 6,83% de los electores de Guayaquil anularon su voto en el referéndum, lo que equivale a  80.390 votos. El 0,52% de la población, en cambio, dejó la papeleta en blanco (6.102 electores). El ausentismo superó el 24%: votaron 1’178.336 electores de los 1’562.627 convocados. 

51,42
Por ciento.
La mayoría de las mujeres se pronunció a favor del No: 312.603, que representa al 51,42%. Los hombres, en cambio, votaron mayoritariamente por el Sí: 51,34% (292.523 electores).

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