El fútbol nos ratifica, cada tanto (y no tan espaciadamente) su condición de deporte supremo, de pasatiempo inigualable, de furioso volcán de sensaciones y emociones que agitan al mortal más humilde de la escala social y al intelecto más evolucionado. Todo el arco social de un gran país como España quedó estremecido seguramente ante el fantástico, casi insólito espectáculo que fue este Barcelona 6 - Atlético de Madrid 1.
Se esperaba el gran choque de una potencia consolidada como el Barcelona, con el mejor jugador del mundo actual (Lionel Messi) como estandarte, frente al ascendente y feliz equipo rojiblanco, orgullosísimo de su excepcional Sergio “Kun” Agüero, crack exquisito si los hay. Toda la semana pasó la prensa hispana azuzando el ambiente. Para avivar más la llama del entusiasmo, los dos cracks habían brillado el miércoles por la Champions. Messi rescató a un Barsa moribundo con dos golazos en Ucrania, en tanto Agüero hizo un gol de museo ante el Olympique de Marsella, con un gesto técnico colosal.
Se palpitaba un desafío de esos que hacen historia. Dos equipazos y dos talentos, amigos ellos, frente a frente. “No hay excusas para no ir al Camp Nou”, tituló el diario Sport, de Barcelona. “Hay que llenar el estadio”, reclamó. No hacía falta, la expectativa había sobrepasado incluso las fronteras y todos estábamos pendientes del derby. No quedó una sola butaca vacía.
Mas, ante el estupor general, a los 30 minutos ya goleaba el Barsa 5 a 1, a favor de una tarde inspirada de sus grandes jugadores, pero sobre todo de su fútbol de toque y pelota al ras, el mismo fútbol razonado y los mismos generales (Xavi e Iniesta) que le dieron a España la Copa de Europa en Viena.
En boxeo se hubiese dicho que no hubo equivalencias. Parecían rivales de categorías diferentes, un juego de Copa del Rey donde el Barsa juega con el Linares, de la Segunda “B”. Fue fiesta y floreo catalán, humillación madrileña. El catalogado como “partido del año” en los medios ibéricos no fue tal. No hubo duelo, sino monólogo del Barcelona y vergüenza para el Atlético, cuya sensacional hinchada no merecía tan cruel cachetazo.
Tampoco se dio el promocionado choque de astros entre Messi y Agüero, los dos mejores futbolistas del momento en la Liga Española (y acaso en Europa). Lo ganó ampliamente Lionel por aplastamiento de un equipo sobre el otro. Agüero casi no llegó a tocar la bola (hizo una sola y magistral, recibiendo un saque de banda con dos hombres encima). Amigos íntimos, compañeros en el equipo juvenil argentino campeón mundial en Holanda 2005, no se torearon en la previa, se tiraron flores.
Y mientras Messi lució imparable, con su genio encendido, respaldado por un equipo que se pareció a una maquina de relojería, el “Kun” naufragó ante el desastre colectivo colchonero. Los de Manzanares fueron asfixiados y arrollados de manera ignominiosa y nunca le llegó la pelota a Sergio.
Lo del Barsa no es nuevo, ratifica el triunfo del fútbol argumentado, fútbol con libreto y moraleja: es toque, rotación, circulación por abajo y al pie, dinámica con cambio de ritmo y punch.
Lo del Atlético no puede sorprender a nadie. Desde la asunción del técnico mexicano Xavier Aguirre se ha producido un resurgir del Atlético, más por el entusiasmo de su público y por los costosísimos fichajes que por solidez de juego. Es un equipo mal parado en el campo, que no sabe defender ni tener la pelota, que ha jugado decenas de partidos como local con 40 y hasta 28 por ciento de posesión de balón. Y ante rivales como el Getafe, el Almería, el Numancia… Su retaguardia es siempre un berenjenal. Algún día, un equipo de Aguirre va a perder 12 a 0, 15 a 1… Va a suceder. Pudo haber sido ayer. No se puede jugar tan mal. Le faltaron Maniche, Forlán y Simao; sin embargo no es excusa para que un equipo soporte 25, 30 situaciones claras de gol, algunas, con pocos segundos de distancia. No es serio.
Un entrenador que en su tercer año de trabajo en el club planta sobre el césped un conjunto tan flaco táctica y moralmente no tiene justificación. Se trata de una derrota insoportable, pero más que eso, de una actuación patética. El Atlético le lleva gastados 150 millones de euros en jugadores a Aguirre.
Antes del cierre, una nota inquietante: a Messi le están pegando feo. Sería penoso quedarnos sin un jugador así por el maltrato de unos cuantos carniceros.
El final es una reflexión sobre la Selección Argentina: teniendo a Messi y Agüero no ha podido hilvanar cinco minutos felices en la Eliminatoria. ¡Cinco…! Y van ocho partidos. ¿Alguien lo puede explicar…?